El consenso no es la verdad

Se nos vende el consenso como si fuera el premio gordo del debate: «todos de acuerdo, problema resuelto». Pero un consenso, por sí solo, no demuestra nada. La verdad no se vota: mucha gente puede estar equivocada a la vez (es la falacia ad populum).

Dos consensos que no valen

  • Consenso sin razón: acordar algo «porque sí», por inercia o por quedar bien, sin un argumento que lo sostenga. Es un acuerdo vacío.
  • Consenso perverso: cuando la razón que une a todos es mala (un interés compartido a costa de un tercero, un pacto para repartirse algo ajeno). Ahí el consenso no es virtud, es contubernio.

Entonces, ¿el acuerdo no sirve?

Sí sirve —pero como resultado, no como prueba. Un consenso vale cuando es el fruto de buenas razones examinadas, no cuando es la excusa para no examinarlas. Y conviene distinguir: lo que decide la mayoría es qué hacemos (legitimidad democrática), no qué es verdad. Confundir ambas cosas es de las trampas más comunes.