La banca y la creación de dinero: de dónde sale el que no se imprime

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🏦 La banca y la creación de dinero

Pregunta de bar: ¿quién crea el dinero? Casi todo el mundo responde lo mismo: «el Estado, el banco central, la máquina de imprimir billetes». Y es verdad… para una minoría del dinero que existe. La inmensa mayoría del dinero que usas —el número de tu cuenta del banco, con el que pagas el alquiler y la compra— no lo imprimió nadie. Lo creó tu banco. De la nada. Tecleando una cifra cuando alguien pidió un préstamo.

Suena a teoría de la conspiración y no lo es: lo explica el propio Banco de Inglaterra en un informe de 2014 que se hizo famoso justamente por desmontar el cuento que nos enseñan en el colegio. En este artículo vamos a ver cómo los bancos comerciales crean dinero cuando prestan (el sistema de reserva fraccionaria), por qué eso no es un timo aunque lo parezca, qué papel pinta el banco central, y —con contraste honesto— por qué este mecanismo es uno de los grandes campos de batalla del pensamiento económico, con los austriacos pidiendo casi abolirlo y sus defensores diciendo que sin él no habría crédito ni crecimiento.


DOS TIPOS DE DINERO QUE SOLEMOS CONFUNDIR

Para entender esto hay que separar dos cosas que en el día a día parecen la misma:

  • Dinero del banco central (base monetaria o «dinero base»). Son los billetes y monedas físicos más las reservas que los bancos comerciales tienen depositadas en el banco central. Esto lo crea el banco central (el BCE, la Reserva Federal…). Es la minoría del total.
  • Dinero bancario (depósitos). Es el saldo de tu cuenta corriente: un apunte digital en el banco. No es un billete guardado en una caja con tu nombre; es una promesa del banco de darte ese dinero cuando lo pidas. Esto es la gran mayoría del dinero que circula, y lo crean los bancos comerciales.

Regla mental: cuando ves «M0» se habla del dinero base (lo del banco central); cuando ves «M1, M2, M3» se incluye el dinero bancario (los depósitos). En una economía moderna, el dinero bancario es muchas veces mayor que el dinero base. La mayor parte de «el dinero» vive como apuntes en bancos privados, no como billetes.


QUÉ ES LA RESERVA FRACCIONARIA

El sistema se llama así porque el banco solo guarda una fracción de tus depósitos disponible, y presta el resto. La intuición histórica es la del orfebre medieval:

La gente guardaba su oro en la cámara del orfebre, que entregaba un recibo («vale por 100 monedas de oro»). Pronto la gente empezó a pagarse entre sí con los recibos, sin molestarse en sacar el oro. El orfebre se dio cuenta de algo: casi nadie venía a retirar su oro a la vez. Así que podía prestar parte del oro guardado (o emitir recibos nuevos) a cambio de un interés, confiando en que las reservas que le quedaban bastarían para los pocos que viniesen a retirar. Acababa habiendo más recibos circulando que oro en la cámara. Había nacido el banco.

Eso es la reserva fraccionaria: el banco mantiene en caja una parte del dinero (por si hay retiradas) y pone a trabajar el resto. La parte que está obligado o decide guardar se llama coeficiente de caja o encaje.


CÓMO SE CREA EL DINERO AL PRESTAR (EL EJEMPLO CLÁSICO)

Aquí está el truco que parece magia. Sigamos el dinero paso a paso, con un encaje del 10 % para que se vea fácil:

  1. Ana ingresa 1.000 € en el Banco A. (Dinero en la economía contado en depósitos: 1.000 €.)
  2. El Banco A guarda el 10 % (100 €) y presta 900 € a Bruno. Bruno se gasta esos 900 € comprándole algo a Carla.
  3. Carla ingresa esos 900 € en el Banco B. Ahora hay depósitos por 1.000 + 900 = 1.900 €… y Ana sigue teniendo sus 1.000 € en su cuenta, intactos.
  4. El Banco B guarda 90 € y presta 810 € a Diana, que se los gasta… y así sucesivamente.

Fíjate en lo que ha pasado: del depósito inicial de Ana no se ha movido la sensación de nadie —Ana cree tener 1.000 €, y los tiene— pero ahora circulan además 900 €, 810 €… El sistema bancario, en conjunto, ha multiplicado el dinero base. Si sumas la serie completa, esos 1.000 € iniciales pueden sostener hasta 10.000 € de depósitos (con un encaje del 10 %). A ese factor (1 ÷ encaje) se le llama multiplicador del dinero.

La clave conceptual: cuando un banco concede un préstamo, no presta el dinero de otro ahorrador que tiene apartado en un cajón. Crea un depósito nuevo tecleándolo en tu cuenta. El préstamo y el depósito nacen a la vez, del mismo apunte contable. Por eso se dice que «los préstamos crean depósitos», y no al revés. El dinero bancario se crea cuando se presta… y se destruye cuando se devuelve el préstamo.


OJO: EL «MULTIPLICADOR» ES UNA SIMPLIFICACIÓN (Y AQUÍ HAY DEBATE)

El ejemplo de arriba es el que viene en los manuales, y es útil para entender la idea. Pero el Banco de Inglaterra (2014) avisó de que, tal cual, describe el proceso al revés respecto a cómo funciona de verdad un banco moderno:

  • Versión de manual («multiplicador»): primero llegan las reservas/depósitos, y entonces el banco presta un múltiplo de ellas. Las reservas serían el límite.
  • Versión moderna («dinero endógeno»): en la práctica, el banco presta primero —si encuentra un cliente solvente y le ve negocio— creando el depósito en el acto, y luego se procura las reservas que necesite (pidiéndolas a otros bancos o al banco central). Lo que limita el crédito no es tanto un encaje mecánico como la demanda de préstamos solventes, la rentabilidad y el riesgo que asuma el banco, y sobre todo el tipo de interés que fija el banco central.

¿Por qué importa el matiz? Porque cambia quién tiene el volante. En la versión ingenua, el banco central controla el dinero apretando el encaje. En la versión real, el banco central influye sobre todo moviendo el precio del dinero (los tipos de interés): si presta caro, se piden menos créditos y se crea menos dinero; si presta barato, se dispara el crédito. El encaje es hoy una herramienta menor (en la zona euro es de apenas el 1 %). El grifo principal del dinero moderno es el tipo de interés, no la imprenta.


ENTONCES, ¿ES UN TIMO?

Es la reacción honesta de cualquiera que ve esto por primera vez: «o sea, ¿que el banco se inventa dinero que no tiene y encima me cobra intereses?». La respuesta serena es no, no es un fraude — pero sí tiene riesgos reales y un coste social que conviene mirar de frente.

No es un fraude porque el banco está haciendo algo de valor: transformación de plazos. Junta el ahorro de mucha gente que quiere su dinero disponible «ya» y lo convierte en crédito a largo plazo para quien quiere comprar una casa o montar una empresa. Esa función —canalizar ahorro hacia inversión— es uno de los motores del crecimiento. Sin algo parecido, financiar una hipoteca o una fábrica sería carísimo.

Pero tiene un talón de Aquiles estructural: el banco promete devolverte tu dinero en cualquier momento, cuando en realidad lo ha prestado a años. Mientras la confianza aguante, no pasa nada (casi nadie retira a la vez). Pero si mucha gente quiere su dinero el mismo día —un pánico bancario o bank run— el banco no puede pagar a todos, porque ese dinero no existe físicamente: está prestado por ahí. Un banco perfectamente sano puede quebrar solo por miedo, y el miedo es contagioso de un banco a otro. Eso es exactamente lo que pasó en 1929, en 2008 y, en versión exprés, con el Silicon Valley Bank en 2023.

Para tapar ese agujero se montó toda una arquitectura: el banco central como «prestamista de última instancia» (presta de urgencia al banco solvente pero sin liquidez), el seguro de depósitos (en la UE garantiza tus ahorros hasta 100.000 € por banco) y la regulación de cuánto capital y liquidez debe tener cada banco. Esa red evita pánicos… a cambio de un problema incómodo del que hablamos en el contraste: el riesgo moral.

¿Es tuyo de verdad tu dinero? Cuando el poder controla el ahorro

El pánico bancario deja al descubierto algo más profundo: el saldo de tu cuenta es una promesa, no billetes con tu nombre guardados en una caja. Y la historia recuerda que, en momentos críticos, el poder político ha llegado a controlar el dinero y el oro de la gente de tres formas distintas:

  • No dejarte sacarlo. El «corralito» argentino (2001): ante la fuga masiva de depósitos, el Gobierno congeló las cuentas y limitó durante meses la retirada de efectivo. Tu dinero figuraba en la libreta… pero no podías cogerlo.
  • No dejarte tenerlo. En EE. UU., 1933, la orden ejecutiva 6102 (Roosevelt) prohibió a los ciudadanos poseer oro y les obligó a entregarlo al Estado, a un precio fijado, bajo amenaza de multa y cárcel; la propiedad privada de oro en lingotes siguió prohibida hasta 1974. (verificar fechas.)
  • No dejarte moverlo. Los controles de capital y de exportación de oro: numerosos países los han impuesto en crisis, y algunos los mantienen —China, por ejemplo, restringe hoy la salida de oro del país — para impedir que el metal o las divisas escapen de sus fronteras.

No hace falta imaginar conspiraciones: son hechos documentados. Y explican por qué, para la sensibilidad de esta casa, quién controla tu dinero —y con qué límites— es una cuestión de libertad, no solo un tecnicismo. Es, además, la antesala del debate de las monedas digitales de banco central (CBDC), donde ese control puede volverse total.


CONTRASTE: EL GRAN DEBATE (Y NO ESTÁ CERRADO)

Regla de oro de La Choza: aquí no hay cámara de eco. La reserva fraccionaria es uno de los temas donde los propios partidarios del libre mercado se pelean entre sí. Pongamos las dos mejores versiones.

La crítica (escuela austriaca: Mises, Rothbard, Huerta de Soto). Para los austriacos más duros, crear dinero de la nada al prestar es la raíz de la inflación y de los ciclos económicos. El argumento: cuando los bancos inflan el crédito por encima del ahorro real, bajan artificialmente los tipos, la gente se lanza a invertir en proyectos que no había ahorro genuino para sostener (una burbuja), y cuando la realidad aprieta, todo se desploma (la crisis es la «resaca»). Rothbard llegó a llamarlo casi un fraude legalizado: te prometen tu dinero «a la vista» mientras lo tienen prestado. Su receta va del coeficiente de caja del 100 % (que el banco custodie de verdad lo que dices tener a la vista, y solo preste el ahorro a plazo) a la banca libre (varios emisores compitiendo, sin banco central que rescate). Y subrayan el riesgo moral: si el Estado siempre rescata, los bancos arriesgan de más sabiendo que las pérdidas las paga el contribuyente («privatizar ganancias, socializar pérdidas»).

La defensa (corriente principal, y también liberales pragmáticos). La transformación de plazos crea valor real: convierte ahorro disperso y a corto en inversión a largo, y eso ha financiado buena parte del crecimiento moderno. Un sistema de reserva del 100 % haría el crédito mucho más escaso y caro: menos hipotecas, menos empresas nacientes. Los ciclos y las burbujas, dicen, no prueban que la banca sea mala en sí, sino que hace falta buena regulación, colchones de capital y un prestamista de última instancia que corte los pánicos. Y recuerdan que las épocas de «banca libre» sin banco central tampoco fueron un paraíso: hubo pánicos frecuentes.

Nuestra lectura honesta (posición, no última palabra). El nervio minarquista del asunto no es tanto «abolir los bancos» como quién tiene el poder de crear dinero y con qué límites. La reserva fraccionaria concentra una palanca enorme —fabricar medios de pago— en manos de bancos privados respaldados por el Estado, con incentivos a inflar en los buenos tiempos y a ser rescatados en los malos. No hace falta comprar entera la tesis austriaca para ver el problema: un sistema donde las ganancias son privadas y las pérdidas acaban siendo públicas distorsiona los incentivos. Dónde está el equilibrio —100 % de reservas, banca libre, o banca regulada con más capital y menos red de rescate— es un debate vivo y legítimo. Lo que un minarquista no se traga es que el mecanismo sea neutral e inocente: es una de las grandes cuestiones de poder de la economía moderna.


POR QUÉ ESTO IMPORTA (Y NO ES SOLO TEORÍA)

Tres conexiones que cambian cómo lees las noticias:

  1. La inflación. Si el dinero se crea sobre todo cuando se presta, entonces los grandes auges de precios suelen venir de expansiones de crédito (dinero barato → mucho préstamo → mucho dinero nuevo persiguiendo los mismos bienes). Por eso los bancos centrales combaten la inflación subiendo tipos: encarecen el crédito para que se cree menos dinero. (Lo desarrollamos en el módulo de Inflación.)
  2. Las crisis. Entender que el banco promete a la vista lo que presta a años explica por qué los sistemas financieros son frágiles y por qué un susto de confianza puede tumbar bancos sanos. 2008 fue, en el fondo, una versión sofisticada de la cámara del orfebre quedándose sin oro.
  3. El bitcoin y el oro. Buena parte del atractivo del bitcoin (oferta fija, imposible de «crear de la nada») y la vieja defensa del patrón oro nacen precisamente como reacción a este sistema: si nadie puede fabricar dinero tecleando, no hay inflación monetaria ni rescates con dinero nuevo. Esa es su promesa… y también su rigidez (lo vimos en ¿Qué es el dinero?).

PARA SEGUIR PENSANDO

  • Si tu banco «crea» el depósito al prestar, ¿de quién es realmente el dinero de tu cuenta: tuyo, o una promesa del banco? ¿Cambia eso cómo eliges dónde tenerlo?
  • ¿Preferirías un sistema más seguro pero con crédito más escaso y caro (reserva 100 %), o uno más dinámico pero más frágil y con rescates (el actual)? ¿Hay término medio?
  • (Enlaces internos futuros): Bitcoin a fondo: dinero sin banco central · El BCE y el euro: quién manda sobre nuestro dinero · Las monedas digitales de banco central (CBDC): ¿conveniencia o control? · La falacia de la ventana rota (coste oculto de los rescates).

FUENTES Y PARA LEER MÁS (abiertas/clásicas)

  • Banco de Inglaterra, Money creation in the modern economy (Quarterly Bulletin, 2014) — la explicación oficial de que los bancos crean dinero al prestar; desmonta el «multiplicador» ingenuo. Abierto.
  • Murray Rothbard, El misterio de la banca y ¿Qué ha hecho el gobierno con nuestro dinero? — la crítica austriaca a la reserva fraccionaria.
  • Jesús Huerta de Soto, Dinero, crédito bancario y ciclos económicos (1998) — defensa del coeficiente de caja del 100 % desde la escuela austriaca española.
  • Walter Bagehot, Lombard Street (1873) — origen de la doctrina del «prestamista de última instancia».
  • (Internas del proyecto) apuntes/economia-escuelas/ (escuela austriaca y crítica del ciclo) y el módulo de Inflación.

Aviso: material divulgativo y educativo, con sesgo minarquista declarado. No es recomendación de inversión ni asesoramiento financiero. Las decisiones de inversión son responsabilidad de cada lector.