El «97 %»: qué significa y qué no

🟠 Zona: cómo se usa (y se abusa) de una cifra

Este artículo no discute si el clima cambia por causa humana —eso está cerrado (ver «¿Cuánto es humano?»)—, sino algo distinto: qué significa de verdad el famoso «97 %», por qué se usa tan mal, y dónde está la crítica honesta a esa cifra. Es un complemento de la herramienta de «Cómo fiarse de la ciencia».

Habrás oído mil veces que «el 97 % de los científicos está de acuerdo en que el cambio climático es humano». La frase es cierta, pero se ha convertido en un arma arrojadiza, y usada así hace más mal que bien. Vale la pena entender qué mide realmente ese número, para poder defenderlo donde acierta y no caer en la trampa de donde falla.

De dónde sale la cifra

Empecemos por lo básico: el 97 % no es un invento ni una encuesta de calle. Sale de varios estudios que, con métodos distintos, fueron a mirar qué opinaban los expertos o qué decían los artículos científicos publicados. Doran y Zimmerman (2009), Anderegg (2010), el conocido trabajo de Cook y sus colegas (2013, del que salió el «97 %») y, más recientemente, Lynas y otros (2021), que revisando la literatura reciente encontraron un acuerdo superior al 99 %. A eso se añade que todas las academias nacionales de ciencia y las grandes sociedades científicas del mundo respaldan el núcleo. No es un 50/50 disimulado: el acuerdo es abrumador, y lo dan a la vez varias medidas independientes.

Por qué está mal usarlo como un mazo

Y ahora la parte incómoda, la que hay que conceder sin rodeos: la cifra se usa fatal. Soltar «es el 97 %, así que cállate» es un mal argumento, y por dos razones.

La primera es de fondo: la ciencia no se decide por votación. Que mucha gente crea algo no lo hace verdad; la historia tiene ejemplos de mayorías científicas que se equivocaron. Lo que da fuerza a una afirmación no es cuántos la sostienen, sino la evidencia que hay detrás. Usar el número de cabezas como si fuera la prueba invierte el orden de las cosas.

La segunda es concreta: la cifra exacta tiene críticas metodológicas legítimas. Por ejemplo, cómo se clasifican los muchos artículos que no toman postura explícita sobre la causa: según cómo los cuentes, el porcentaje sube o baja. El economista Richard Tol, entre otros, ha señalado estos problemas. No invalidan la conclusión, pero sí obligan a ser honestos: «97 %» es una etiqueta cómoda, no una medición de precisión.

Entonces, ¿en qué se apoya de verdad el consenso?

Aquí está la clave, y es lo que casi nadie explica: el peso del caso no recae en la encuesta. Si lo único que tuviéramos fuese «el 97 % de los científicos dice que sí», el escéptico tendría razón en desconfiar. Pero la encuesta es solo el reflejo de otra cosa mucho más sólida: la convergencia de líneas de evidencia independientes.

Piénsalo así. La física de laboratorio dice que el CO₂ atrapa calor. Los isótopos dicen que el CO₂ extra es fósil. Los satélites ven que la capa alta de la atmósfera se enfría (la firma de los gases, no del Sol). Los océanos se acidifican. Los hielos de hace cientos de miles de años cuentan la misma historia. Son disciplinas distintas, con instrumentos distintos y gente distinta, que nadie coordina entre sí, y todas apuntan al mismo sitio. El consenso no es la causa de esa coincidencia: es su consecuencia. Los científicos están de acuerdo porque las pruebas convergen, no al revés.

El argumento del incentivo (que corta en los dos sentidos)

Queda una objeción sociológica que merece respuesta: «¿y si todos coinciden por presión de grupo o por dinero —porque asustar atrae financiación—?». Es una sospecha razonable, y hay que tomarla en serio, pero se desmonta mirando bien los incentivos.

Para empezar, el incentivo apunta en las dos direcciones: si hay dinero público en investigar el clima, también ha habido un dinero enorme, y muy documentado, del lado de la industria fósil para fabricar duda. Si un lado se descarta por «interesado», el otro también. Pero, sobre todo, hay un incentivo que la teoría de la conspiración olvida: en ciencia, el que derriba el consenso se hace famoso, no el que lo repite. El científico que demostrara con datos sólidos que el CO₂ no calienta el planeta ganaría un lugar en la historia y probablemente un Nobel. El premio gordo está en romper el acuerdo, no en seguirlo. Que en décadas nadie lo haya conseguido, teniendo todos ese incentivo delante, es un dato que pesa mucho.

En resumen

El «97 %» es verdad y es una mala herramienta al mismo tiempo, y las dos cosas conviven sin contradicción. Es verdad porque el acuerdo entre los expertos es real y abrumador. Es mala herramienta porque la ciencia no se sostiene en el recuento de opiniones, sino en la evidencia — y quien la usa como un mazo («somos más, cállate») está dando, sin querer, munición a quien quiere presentar la ciencia como una cuestión de bandos. La próxima vez que oigas la cifra, tradúcela mentalmente: no significa «hazme caso porque somos muchos», significa «tantas pruebas independientes coinciden que casi nadie que las estudia puede seguir dudando». Para la herramienta completa de cómo calibrar la confianza en la ciencia, entra en «Cómo fiarse de la ciencia».

Fuentes (a enlazar en web)

  • Cook et al. (2013) — origen del «97 %»; Lynas et al. (2021) — acuerdo > 99 % en la literatura reciente.
  • Doran & Zimmerman (2009); Anderegg et al. (2010) — estimaciones convergentes con métodos distintos.
  • Richard Tol — crítica metodológica al recuento del 97 %.
  • **Oreskes & Conway, *Merchants of Doubt*** — financiación fósil para fabricar duda (el incentivo del otro lado).
  • IPCC, AR6 — respaldo institucional y convergencia de líneas de evidencia.