Agua dulce vs agua salada: cuánta hay de cada una y dónde está

Nos llaman «el planeta azul» y con razón: casi tres cuartas partes de la superficie de la Tierra están cubiertas de agua. Pero detrás de esa imagen tan reconfortante se esconde una paradoja que casi nadie tiene presente, y es que de toda esa agua la que realmente podrías beberte es una miseria. La inmensa mayoría es agua salada de mar, imposible de beber sin tratarla; y de la poca que es dulce, casi toda está congelada en los polos o enterrada a cientos de metros bajo tierra. En este post vamos a poner números a esa paradoja: cuánta agua hay de cada tipo, dónde se esconde, qué continentes nadan en abundancia y cuáles pasan sed, y —lo que suele quedar fuera del debate— hasta qué punto somos capaces de fabricarnos agua potable cuando la naturaleza no nos la da.

Cuánta agua hay y de qué tipo

La Tierra almacena alrededor de 1.386 millones de kilómetros cúbicos de agua (según el USGS). Suena a cantidad inagotable, y en cierto sentido lo es; el problema es su reparto. De todo ese volumen, el 97,5 % es agua salada —los océanos, sobre todo, más una parte del agua subterránea que es salobre— y apenas el 2,5 % es agua dulce. Ya de entrada, entonces, treinta y nueve de cada cuarenta litros del planeta quedan descartados para beber.

Y ese 2,5 % que sí es dulce tampoco está, en su mayor parte, a nuestro alcance. Más de dos terceras partes (68,7 %, según el USGS) están congeladas en los glaciares y casquetes polares de la Antártida y Groenlandia. Otra buena porción (30,1 %) es agua subterránea, repartida en acuíferos que a menudo se hallan a gran profundidad. Y lo que queda —un raquítico 1,2 %— es el agua superficial y de otros tipos: dentro de esa rendija están todos los ríos y lagos del mundo juntos, que es, en la práctica, de donde bebe la humanidad.

Para hacerse una idea de la escala, imagina que toda el agua del planeta cupiera en una garrafa de cinco litros. El agua dulce serían unos 125 mililitros, un vasito pequeño. Y el agua de ríos y lagos, la que de verdad usamos a diario, sería apenas metro y medio de mililitro: media cucharadita. De esa media cucharadita depende, literalmente, la agricultura, la industria y la vida de ocho mil millones de personas.

!Reparto del agua de la Tierra: salada frente a dulce

!De dónde sale el agua dulce: hielo, subterránea y superficial

Dónde está el agua dulce

El agua dulce no solo es escasa: además está repartida de forma muy desigual, concentrada en unos pocos grandes depósitos.

El mayor de todos, con diferencia, es el hielo. La Antártida guarda ella sola en torno al 70 % de toda el agua dulce del planeta en forma de casquete, y suma, junto a Groenlandia, cerca del 90 % del hielo del mundo. Es una reserva colosal y, para nuestro consumo diario, casi por completo inaccesible: está lejos, sólida y en el fin del mundo.

El segundo gran almacén, y este sí decisivo, es el subsuelo. Aunque no lo veamos, bajo nuestros pies hay muchísima más agua dulce líquida que en todos los ríos y lagos de la superficie sumados: las aguas subterráneas representan cerca del 30 % del agua dulce total, frente al escaso 1,2 % de la superficial. Se acumulan en acuíferos, formaciones de roca porosa que actúan como esponjas gigantes, y de ellas bebe una parte enorme de la humanidad y se riega buena parte de los cultivos del mundo. El matiz importante es que no todos los acuíferos son iguales. Algunos se recargan con la lluvia año tras año y son, por tanto, renovables; pero otros son «agua fósil», acumulada durante decenas de miles de años en climas que ya no existen —como el acuífero de Nubia bajo el Sáhara o el de Ogallala bajo las grandes llanuras de Estados Unidos— y que apenas se recargan. Cuando extraemos esa agua más rápido de lo que la naturaleza la repone, la estamos minando igual que se mina el carbón: los niveles bajan, los pozos se secan, el terreno llega a hundirse (partes de Ciudad de México, Yakarta o el valle de California se están hundiendo por esto) y, en las costas, el agua del mar se cuela en el acuífero y lo saliniza.

Después están los grandes lagos y ríos, que concentran el grueso de esa fina capa de agua superficial. Un solo lago, el Baikal, en Siberia, contiene cerca del 20 % de toda el agua dulce líquida superficial del mundo; los Grandes Lagos de Norteamérica suman entre todos otro 21 % aproximado. Y entre los ríos destaca el Amazonas, cuya cuenca transporta al mar en torno al 15-20 % de toda el agua dulce que circula por los ríos del planeta. Es fácil, viendo esto, entender por qué unos pocos países —Brasil, Rusia, Canadá, Indonesia, Colombia— son auténticas potencias del agua, mientras que la franja de Oriente Medio y el norte de África vive en una escasez crónica.

Dónde está el agua salada

El agua salada es, en esencia, el océano, que por sí solo concentra alrededor del 96,5 % de toda el agua del planeta. No es una masa uniforme, sino un conjunto de cuencas de tamaños muy distintos: el Pacífico es el gigante, con casi la mitad de toda el agua oceánica; el Atlántico y el Índico le siguen de lejos, con alrededor de un quinto cada uno; y los océanos Austral (Antártico) y Ártico son los pequeños de la familia.

Pero no toda el agua salada está en el mar abierto. Hay lagos salados que son, en realidad, mares interiores: el mar Caspio es el mayor lago del mundo y sus aguas son salobres, y el mar Muerto es uno de los cuerpos de agua más salinos que existen, tanto que en él es imposible hundirse. Y, como apuntábamos antes, bajo tierra hay también grandes volúmenes de agua subterránea salobre que se contabiliza como salada, porque no sirve para beber ni regar sin un tratamiento previo.

Comparativa por continentes

Llega el momento de bajar al detalle que pedías: dónde está el agua dulce aprovechable, la que se renueva cada año con las lluvias y el deshielo, continente por continente. El total mundial de estos recursos hídricos renovables ronda los 43.750 km³ al año (FAO AQUASTAT), y su reparto vuelve a ser de todo menos equitativo.

!Agua dulce renovable por continente

ContinenteAgua dulce renovable (km³/año)% mundialPor persona (m³/año)Comentario
América del Sur~12.000~27 %~25.000+La más rica del mundo; solo el Amazonas ~15-20 % del caudal fluvial global
Asia~12.250~28 %~3.400Mucha agua total, pero repartida entre demasiada gente → poca por persona
América del Norte y Central~7.700~18 %~15.000Grandes Lagos (~21 % del agua dulce líquida superficial del mundo)
Europa~6.780~15,5 %~9.300Incluye la Rusia europea; territorio muy aprovechado
África~3.940~9 %~5.000Muy mal repartida: la selva del Congo frente al desierto del Sáhara
Oceanía~1.100~2,5 %muy alta, pero concentradaAustralia es árida; el grueso está en Nueva Guinea y Nueva Zelanda
(Antártida)— (no renovable)Guarda ~70 % del agua dulce del planeta… pero en hielo inaccesible

La lección de esta tabla está en la distancia entre dos columnas que solemos confundir: el agua total y el agua por persona. Asia dispone de tanta agua como toda América del Sur, pero al tener que repartirla entre miles de millones de habitantes, a cada asiático le corresponde alrededor de siete veces menos que a cada sudamericano. Tener agua y tener agua suficiente para tu población son, como se ve, dos cosas bien distintas.

Lo que sí podemos hacer: depurar, regenerar y desalar

Frente a este panorama, la buena noticia es que el agua no es un recurso que se destruya: se ensucia, se usa y se puede volver a limpiar. La pregunta interesante es cuánta somos realmente capaces de recuperar, y ahí conviene distinguir tres cosas que a menudo se mezclan.

Depurar es tratar el agua residual —la que sale de casas, ciudades e industrias— para devolverla al río o al mar sin contaminarlo. Es, sobre todo, una cuestión ambiental. El dato honesto es que, a escala mundial, solo alrededor del 56 % de las aguas residuales domésticas se trata de forma segura (dato de ONU-Agua, 2020); el resto se vierte sin depurar, con enormes diferencias entre regiones, que van desde el 25 % en las más pobres hasta el 80 % en las más ricas. Dicho de otro modo: casi la mitad del agua sucia del mundo vuelve a la naturaleza sin limpiar. Podemos hacerlo mejor; no es un problema de saber cómo, sino de infraestructura y de dinero.

Regenerar va un paso más allá: consiste en depurar el agua hasta un grado suficiente para reutilizarla, en riego agrícola, en la industria o incluso para recargar acuíferos. Aquí hay ejemplos que funcionan muy bien —España es de los países que más agua regenerada usa de Europa, y Singapur recicla su propia agua residual hasta convertirla en potable con su famoso programa NEWater—, pero en el conjunto del planeta la reutilización sigue siendo una fracción pequeña de todo lo que se podría aprovechar. El techo, por tanto, está mucho más arriba de donde estamos.

Y luego está la opción que parece la solución mágica cuando el 97,5 % del agua del mundo es salada: desalar, es decir, quitarle la sal al agua de mar. Técnicamente sabemos hacerlo muy bien. La tecnología dominante hoy es la ósmosis inversa, que consiste en empujar el agua salada a mucha presión contra unas membranas que dejan pasar las moléculas de agua pero retienen la sal. El problema no es que no funcione, sino lo que cuesta en energía: producir un metro cúbico de agua desalada consume del orden de 3 a 4 kWh (según la literatura de desalación por ósmosis inversa; el mínimo teórico ronda 1 kWh/m³, y las plantas más modernas, con recuperadores de energía, se acercan a 2,5). Para hacerse una idea, potabilizar el agua de un río cuesta diez veces menos. Por eso la desalación es, ante todo, un problema de energía disfrazado de problema de agua: quien tiene energía barata puede fabricar agua dulce casi sin límite (el Golfo Pérsico e Israel lo hacen a gran escala), y quien no la tiene, no. Esto enlaza directamente con el eterno cuello de botella energético del que ya hablamos en la choza.

Hay además un matiz que casi nunca se cuenta: el agua desalada no es exactamente igual que el agua potable natural. La ósmosis inversa deja un agua tan pura que resulta casi destilada —le falta el calcio, el magnesio y los minerales que el agua de manantial arrastra de las rocas—, lo que la vuelve ligeramente ácida y «agresiva», capaz de corroer las tuberías, y bastante insípida. Por eso, antes de llegar al grifo, hay que remineralizarla, añadiéndole de vuelta parte de esos minerales para que sea saludable, sepa bien y no se coma las cañerías. Además, algunos elementos como el boro atraviesan las membranas y exigen tratamientos adicionales, y por cada litro de agua dulce que se obtiene se devuelve al mar cerca de litro y medio de salmuera hiperconcentrada, cuyo vertido hay que gestionar con cuidado para no dañar los fondos marinos. En resumen: sí, podemos fabricar agua potable a partir del mar, pero es un agua manufacturada, cara en energía y con sus propias servidumbres.

Lo que de verdad importa

Es tentador mirar ese 2,5 % de agua dulce y concluir que vamos hacia una catástrofe global. Conviene matizar en las dos direcciones, como es costumbre en la casa. Por un lado, el agua no se agota como el petróleo: el ciclo del agua la recicla sin parar —se evapora, forma nubes, llueve y vuelve a los ríos—, de modo que el planeta no se está «quedando sin agua» en términos absolutos. Por otro lado, el problema real nunca fue la cantidad total, sino dónde, cuándo y de qué calidad: sobra agua en el Amazonas y falta en el Sáhara; sobra en la temporada de lluvias y escasea en pleno verano; y una gota contaminada es una gota perdida aunque siga físicamente ahí. La conclusión honesta, por tanto, no es que exista una única crisis mundial de «falta de agua», sino que hay muchas crisis locales de agua en el sitio y el momento equivocados —y que nuestra capacidad de depurarla, regenerarla y desalarla, aunque crece, todavía está muy por debajo de lo que sería posible.

Para quedarte con lo esencial

En pocas líneas: de toda el agua de la Tierra, el 97,5 % es salada y solo el 2,5 % dulce, y de esa dulce casi toda está atrapada en hielo o bajo tierra, de modo que el agua de ríos y lagos —de la que bebemos— es apenas una rendija del total. El agua subterránea, invisible pero enorme, es en realidad nuestro mayor almacén de agua dulce líquida, aunque una parte es «fósil» y la estamos gastando más rápido de lo que se repone. Por continentes, América del Sur y Asia son las que más agua tienen, pero medido por persona Asia sale mal parada y Sudamérica riquísima. Y frente a la escasez, sí tenemos herramientas —depurar, regenerar, desalar—, pero todas chocan con el mismo muro: la energía y el dinero. Solo tratamos de forma segura poco más de la mitad de nuestras aguas residuales, y el agua que fabricamos desalando el mar es cara y ni siquiera es idéntica a la que nos da la naturaleza.

(Si vienes del problema energético, aquí se ve el nudo: desalar y bombear agua es, en el fondo, otra forma de gastar energía → La energía: qué es, cómo se obtiene y por qué no hay una fuente «perfecta».)

Fuentes

  • **U.S. Geological Survey (USGS), *Where is Earth’s Water?*** — reparto salada/dulce (97,5 % / 2,5 %) y desglose del agua dulce (68,7 % hielo, 30,1 % subterránea, 1,2 % superficial).
  • FAO AQUASTAT — recursos hídricos renovables por continente (~43.750 km³/año) y agua por persona.
  • **ONU-Agua / OMS-ONU-Hábitat, Progress on Wastewater Treatment 2021 (ODS 6.3.1)** — ~56 % de las aguas residuales domésticas tratadas de forma segura en el mundo (2020).
  • Literatura de desalación (ósmosis inversa): consumo de ~3-4 kWh/m³ (mínimo teórico ~1 kWh/m³), remineralización, boro y salmuera.
  • Datos de lagos, ríos y océanos: Baikal (~20 % del agua dulce líquida superficial), Grandes Lagos, cuenca del Amazonas; volúmenes oceánicos por cuenca (Pacífico el mayor).

Notas para David (no van en el post)

  • Reescritura 01-ago: menos esquemático, más prosa (David). Ampliadas las aguas subterráneas (acuíferos, agua fósil Nubia/Ogallala, sobreexplotación, hundimiento del terreno, intrusión salina).
  • Añadido: sección «depurar, regenerar y desalar» con el corolario de cuánta agua recuperamos (~56 % de aguas residuales tratadas; regeneración aún pequeña) y la desalación (coste energético ~3-4 kWh/m³; agua desalada ≠ potable natural → remineralización, boro, salmuera). Cifras web-refrescadas.
  • Sin ideología (C1): el matiz energía/dinero es técnico; el debate de gestión pública/privada del agua sería de POLÍTICA (no lo meto; si algún día lo quieres, aviso para un traspaso).
  • Gráficos: 3 PNG de marca (`graficos/agua-*.png`), generador `graficos/_generar-agua.py`.
  • Interactivo (HECHO, David): el agua por país se integró en el explorador mundial (`graficos/dashboard-mapas.html`) como 2 métricas nuevas: Agua/cápita y Estrés hídrico (ya son 12 métricas). No es archivo aparte; se ve en el mismo mapa+tabla que Nobel, PIB, etc.