MERITOCRACIA: EL PODER PARA QUIEN SE LO GANA

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Sistema político · La Choza del Erizo

MERITOCRACIA: EL PODER PARA QUIEN SE LO GANA

La meritocracia dice algo que suena de pura justicia: que los puestos y el poder se ganen por mérito —talento más esfuerzo— y no por cuna, dinero o enchufe. Más que un régimen completo, es un criterio para decidir quién manda. El problema, como siempre, está en la letra pequeña: ¿qué cuenta como mérito y quién lo mide?

¿Quién manda y cómo se decide?

Quienes demuestran mérito: exámenes, oposiciones, resultados medibles. La legitimidad la da el logro probado, no la herencia ni el voto.

Variantes

Meritocracia administrativa (la función pública por oposición) y el ideal general del «que valga, suba».

Dónde la hemos visto

El sistema de exámenes imperial chino (los mandarines), los cuerpos de funcionarios por oposición, y el discurso meritocrático que impregna las democracias liberales.

Lo mejor que se puede decir de ella (steelman)

  • Premia el esfuerzo y el talento y favorece la movilidad social.
  • Parece justa: cada cual llega hasta donde le lleva lo que aporta.

Las objeciones serias

  • ¿Mérito medido cómo, y por quién? El «mérito» depende mucho del punto de partida (familia, escuela, contactos). Es la crítica del filósofo Michael Sandel.
  • Puede legitimar la desigualdad y crear una élite arrogante: «me lo merezco todo, y tú lo tuyo te lo has buscado».

🦔 Lectura minarquista

Nos gusta premiar el mérito… pero ¿quién lo juzga? Ahí está la clave. Desconfiamos de una meritocracia de Estado, donde un comité decide quién entra en la élite. Preferimos que el mérito lo midan millones de intercambios voluntarios: tú demuestras lo que vales sirviendo a otros que eligen libremente, no pasando el examen de un tribunal. El mérito como resultado de la libertad, no como título para mandar sobre los demás.

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