OLIGARQUÍA: EL GOBIERNO DE UNOS POCOS
Oligarquía significa «gobierno de unos pocos»: una minoría —por riqueza, familia o aparato de partido— que maneja el poder, normalmente en su propio interés. Es menos una etiqueta que se pone un país a sí mismo y más un diagnóstico: la enfermedad hacia la que tienden casi todos los sistemas cuando nadie lo impide, incluidas las democracias.
¿Quién manda y cómo se decide?
Una minoría cerrada. El acceso no depende del mérito ni del voto, sino de pertenecer al grupo: tener el dinero, el apellido o el carné adecuados.
Variantes
Oligarquía económica (las grandes fortunas), partitocracia (los aparatos de los partidos), «nomenklatura» (la élite del partido único).
Dónde la hemos visto
Ciudades-estado dominadas por unas pocas familias; las oligarquías surgidas tras la caída de la URSS; y cualquier democracia capturada por una camarilla, aunque por fuera celebre elecciones.
Lo mejor que se puede decir de ella (steelman)
- Una élite cohesionada aporta estabilidad y rapidez de decisión.
- Continuidad y experiencia acumulada de gobierno.
Las objeciones serias
- Gobierna para sí misma, no para el común.
- Exclusión y desigualdad de poder: tu voto vale menos que su influencia.
- Tiende a blindarse y a cerrar las puertas a los de fuera.
🦔 Lectura minarquista
La oligarquía es la degeneración a la que tiende casi todo poder: quien sabe capturarlo, lo concentra. Y aquí el minarquismo ofrece la vacuna más simple: cuanto menos poder haya que repartir, menos botín hay que capturar. No se combate la oligarquía añadiendo más Estado para «vigilar» —eso da más premio al que lo captura—, sino reduciendo lo que el poder puede repartir.
Para seguir
- Vecinas: Aristocracia, Plutocracia, Tecnocracia.
- Para leer: Robert Michels (la «ley de hierro de la oligarquía», en Los partidos políticos).