Criticamos el sistema y sus dinámicas, no a personas. Anclas teóricas: la «ley de hierro de la oligarquía» (Michels), la partitocracia (Trevijano) y el «partido cártel» (Katz & Mair): los grandes partidos colaboran y usan recursos públicos para blindarse y cerrar el paso a los nuevos.
Los problemas del sistema
- Perpetuación y patrimonialización: el cargo deja de ser servicio y se vuelve propiedad; se coloca a afines en organismos.
- Concentración y muerte de la deliberación: deciden las cúpulas; la disciplina de voto convierte el Parlamento en teatro.
- Erosión de la separación de poderes: reparto de órganos (judicatura, reguladores, medios públicos) por cuotas de partido.
- Selección adversa: el ascenso premia la lealtad y la deuda, no el talento ni la independencia.
La raíz económica: las subvenciones
La financiación pública (subvención estatal ordinaria de funcionamiento, del orden de ~52,7 M€/año, repartida según escaños y votos) premia al ya instalado y blinda el statu quo. La prohibición de donaciones de empresas al partido se esquiva por las fundaciones vinculadas. (Datos públicos del BOE/Tribunal de Cuentas; cifras a verificar en fuente vigente.)
La mejor defensa del sistema de partidos (steelman)
Para que la crítica sea creíble: los partidos agregan millones de preferencias, dan estabilidad y gobernabilidad, y forman cuadros. Por eso no proponemos abolirlos (rozaría el autoritarismo y la libertad de asociación), sino quitarles el monopolio y los privilegios: que compitan sin subvenciones, con listas abiertas y separación de poderes. No es antipolítica: es exigir más.