Por qué España necesita dignificar la política

En España, ser político es, en la práctica, una profesión sin estatuto profesional. Lo que debería ser un servicio temporal se convierte, demasiadas veces, en una carrera de poder y privilegio. Esta propuesta no nace del rencor, sino de una idea exigente: quien administra lo de todos debe estar sujeto a las reglas más altas, no a las más laxas.

El problema, sin adornos

  • Los cargos se fijan su propio sueldo, sin regla objetiva.
  • Casi nadie rinde cuentas de cómo entró y salió de la política (el patrimonio crece sin explicación).
  • El poder se perpetúa dentro de estructuras cerradas que se reparten cargos como botín.
  • Privilegios (como el aforamiento) que rompen la igualdad ante la ley.

No es un problema de «malas personas», sino de malas reglas: cuando las reglas premian perpetuarse y castigan poco el abuso, el sistema selecciona ese comportamiento.

Sesgo declarado, y contraste honesto

Somos minarquistas: la mejor regulación de la clase política es que haya menos poder que repartir. Pero lo decimos claro: las reglas no cambian solas la cultura; varias medidas exigen reforma constitucional (no es magia); y exigir «titulación» para ser político sería elitista y probablemente inconstitucional (cualquiera debe poder presentarse). Habrá quien defienda regenerar con más participación y no menos Estado: esa voz merece estar en el debate.