Media economía mundial pasa cada día por un puñado de estrechos y canales de pocos kilómetros de ancho: Ormuz, Malaca, Suez, Bab el-Mandeb, Panamá o el Bósforo. Son los cuellos de botella del comercio: si uno se cierra por una guerra, un ataque o una sequía, el precio de la energía y de las mercancías lo nota el mundo entero en semanas.
El mapa del comercio mundial parece enorme y repartido, pero en realidad cuelga de unos pocos hilos muy finos. Media economía global pasa cada día por un puñado de estrechos y canales de apenas unos kilómetros de ancho. Si uno se cierra —por una guerra, un ataque, una sequía o una decisión política—, el mundo entero lo nota en los precios. Por eso no son solo geografía: son poder. Quien controla el paso, tiene la mano en el grifo.
Esta es la foto de los diecisiete principales pasos por mar —y, aparte, de los grandes corredores por tierra (oleoductos y gasoductos)—, con lo que de verdad importa: qué pasa por ellos, cuánto, y quién los gestiona por las armas o por la política.
Lo que revela la tabla
Tres cosas saltan a la vista, y una cuarta que las cierra.
Primera: la energía del planeta pasa por dos ojos de aguja. El Estrecho de Ormuz y el de Malaca encadenan el petróleo del Golfo con las fábricas de Asia. Casi todo el crudo que mueve a China, Japón y Corea entra por Ormuz y sale por Malaca. Cerrar uno solo dispararía el precio de la energía en el mundo en cuestión de horas. Y a 17 de septiembre de 2026 ya no es una hipótesis: Ormuz lleva medio año cerrado, el crudo superó los 130 dólares en abril y sigue un 20% por encima de antes de la guerra, y el Golfo exporta la mitad de lo que exportaba. No es casualidad que la V Flota de Estados Unidos viva anclada en el Golfo.
Segunda: un choke point no vale nada si no puedes protegerlo. El mar Rojo lo demuestra desde 2023: los ataques hutíes en Bab el-Mandeb han vaciado el Canal de Suez —su tonelaje de contenedores llegó a caer un 82%— y han empujado a miles de barcos al rodeo por el Cabo de Buena Esperanza. Un grupo armado sin apenas marina ha reordenado el comercio entre Europa y Asia. La geografía manda, pero la fuerza sobre el terreno manda más.
Tercera: controlar el paso es un arma política. Turquía administra el grano y el petróleo del mar Negro con la Convención de Montreux en la mano. Dinamarca y la OTAN vigilan la "flota en la sombra" con la que Rusia esquiva las sanciones. Y Panamá y Taiwán se han vuelto tableros de la pugna entre Estados Unidos y China.
Cuarta: siempre hay una salida… pero más cara. Ningún hilo es del todo insustituible, y ahí está la partida. El Estrecho de Lombok es la "salida de emergencia" de China si le cierran Malaca; el Canal de Kiel ahorra el rodeo de Dinamarca; el Cabo de Buena Esperanza salva el mar Rojo a cambio de semanas de viaje. Y el deshielo está abriendo una ruta nueva, la del Mar del Norte por el Ártico, que acorta el camino entre Asia y Europa… pero la controla Rusia. Por cierto, el paso más transitado del mundo por número de barcos no es ninguno de los famosos, sino el Estrecho de Dover, entre Inglaterra y Francia.
La conclusión es incómoda pero clara: el comercio libre, que enriquece a medio mundo, pende de un puñado de hilos que unos pocos Estados y armadas pueden cortar. Entender dónde están esos hilos es entender buena parte de la geopolítica del siglo XXI.
Fuentes
Fuentes (verificación 1-ago-2026): EIA / IEA y CRS (Ormuz, Malaca), Statista, CSIS y BCG (Malaca, Taiwán),
Nota de la casa (septiembre de 2026): las cifras de volumen de la tabla son la operativa normal de cada paso (su capacidad), no la situación de hoy. El estado actual de Ormuz (cerrado desde marzo de 2026) y del mar Rojo (hutíes en Bab el-Mandeb desde el 11-12 de septiembre) está en los dos avisos fechados de arriba y en las filas correspondientes. Son datos vivos: cambian mes a mes.