¿Cómo se sube, se baja y se controla la inflación?

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🎛️ ¿Cómo se controla?

Si la inflación es que sobra dinero o que la economía se recalienta, controlarla consiste, a grandes rasgos, en enfriar: quitar gasolina al fuego. ¿Quién lo hace y con qué herramientas? Aquí entran en escena los bancos centrales y su instrumento más famoso, los tipos de interés. Te explico cómo se sube, cómo se baja y por qué bajar la inflación nunca es indoloro.


EL QUE MANDA: EL BANCO CENTRAL

En la mayoría de economías modernas, controlar la inflación es tarea de un banco central independiente del Gobierno (el BCE en la zona euro, la Reserva Federal en EE. UU.). Esa independencia es clave: se le quita al político de turno la tentación de imprimir dinero para ganar elecciones (volveremos a esto en la crítica a la MMT). Su mandato principal es la estabilidad de precios, que casi todos definen como una inflación baja y estable, en torno al 2 %.


LA HERRAMIENTA REINA: LOS TIPOS DE INTERÉS

El tipo de interés es, en esencia, el precio del dinero: lo que cuesta pedir prestado. El banco central fija un tipo de referencia que se contagia a toda la economía (hipotecas, créditos, depósitos). Funciona como un termostato:

  • Para BAJAR la inflación → SUBE los tipos. El crédito se encarece → familias y empresas piden menos préstamos, consumen e invierten menos → la demanda se enfría → los precios dejan de subir tan rápido. Además, tipos altos premian el ahorro (retiran dinero del gasto) y suelen fortalecer la moneda, lo que abarata las importaciones.
  • Para SUBIR la inflación (o evitar la deflación) → BAJA los tipos. El crédito se abarata → se gasta e invierte más → la economía se reactiva y los precios suben.

Es el mecanismo que explica por qué, cuando la inflación se disparó en 2022, los bancos centrales subieron los tipos agresivamente: estaban pisando el freno.


LA OTRA PALANCA: LA CANTIDAD DE DINERO

Más allá del precio del dinero, el banco central puede actuar sobre su cantidad:

  • Expansión cuantitativa (QE): el banco central crea dinero y compra bonos (deuda) en el mercado, inyectando liquidez. Se usó masivamente tras 2008 y en la pandemia para estimular. Es, en la práctica, fabricar dinero a gran escala.
  • Endurecimiento cuantitativo (QT): lo contrario. El banco central retira dinero (deja vencer o vende esos bonos), drenando liquidez para enfriar.
  • Reservas bancarias: reglas sobre cuánto dinero deben guardar los bancos (lo que pueden prestar).

Cuanto más dinero se crea, más gasolina hay; retirarlo es parte de apagar el incendio.


¿POR QUÉ EL OBJETIVO ES 2 % Y NO 0 %?

Parece raro que la meta no sea inflación cero. Hay tres razones honestas:

  1. Colchón anti-deflación: apuntar a 2 % deja margen para no caer en deflación (que es peligrosa, ver artículo 7) ante cualquier bache.
  2. Engrasa los ajustes: una inflación leve permite que los salarios reales se ajusten sin tener que recortar sueldos nominales (algo que la gente acepta muy mal).
  3. Margen para la política monetaria: con algo de inflación, los tipos no están pegados a cero y el banco central conserva munición para bajarlos en una crisis.

No es un número mágico ni sagrado —es una convención razonada—, pero por debajo acecha la deflación y por encima, el descontrol.


EL ARMA SECRETA: LA CREDIBILIDAD

Tan importante como los tipos es la credibilidad. Si todos confían en que el banco central hará lo necesario para devolver la inflación al 2 %, las expectativas se mantienen ancladas y la propia inflación se modera sola (la gente no sube precios ni exige subidas salariales preventivas). Si esa confianza se pierde, hay que apretar mucho más fuerte para lograr el mismo efecto. Por eso los banqueros centrales cuidan tanto sus palabras: a veces, hablar mueve más que actuar.


EL LADO FISCAL: EL GOBIERNO TAMBIÉN PINTA

El banco central no está solo. La política fiscal (lo que el Gobierno gasta e ingresa) también influye: si el Estado gasta a manos llenas mientras el banco central intenta enfriar, están remando en direcciones opuestas. Y en el caso extremo —cuando el banco central se ve forzado a financiar el déficit del Gobierno creando dinero— se habla de dominancia fiscal: la política monetaria queda secuestrada por las necesidades de gasto del Estado, y ahí la inflación se vuelve casi imposible de controlar. (Es, otra vez, el germen de las grandes inflaciones del artículo 6.)


CONTRASTE: BAJAR LA INFLACIÓN NO ES GRATIS

Aquí la honestidad obliga a una advertencia que los políticos suelen callar: enfriar la inflación subiendo tipos puede frenar la economía y crear paro. Menos crédito significa menos inversión, menos consumo y, a veces, recesión y desempleo. A la relación entre bajar inflación y subir paro a corto plazo se la asocia con la llamada curva de Phillips, y al coste de domar la inflación, la «ratio de sacrificio».

El ejemplo clásico es Paul Volcker al frente de la Reserva Federal de EE. UU. a principios de los 80: para matar la alta inflación de la época (que rondaba el doble dígito), subió los tipos de interés hasta cerca del 20 % (en 1981) y provocó una dura recesión… pero funcionó: domó la inflación durante una generación. La lección incómoda: a veces el remedio duele, y elegir cuándo y cuánto apretar es de las decisiones más difíciles (y políticas) que existen.

Y queda el debate de fondo entre escuelas: los monetaristas ponen el foco en controlar la cantidad de dinero; los keynesianos, en gestionar la demanda; otros recuerdan que contra un shock de oferta (la energía) los tipos poco pueden hacer. Como en casi todo, la respuesta sensata combina las tres miradas según el caso, en vez de aferrarse a una sola.


EN RESUMEN

  • La controla el banco central (independiente), con objetivo de inflación ~2 %.
  • Herramienta reina: los tipos de interés (subirlos enfría y baja la inflación; bajarlos estimula).
  • También actúa sobre la cantidad de dinero (QE crea, QT retira).
  • Su mayor activo es la credibilidad (anclar expectativas).
  • El Gobierno influye con su gasto; si fuerza al banco central a financiarlo (dominancia fiscal), la inflación se descontrola.
  • Bajar la inflación tiene coste: puede traer paro y recesión (curva de Phillips; ejemplo Volcker).

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