¿De dónde viene la inflación? ¿Por qué surge?

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🔥 ¿De dónde viene?

Ya sabemos qué es la inflación (que tu dinero pierde valor). La pregunta del millón es por qué ocurre. Y aquí hay que tener cuidado, porque es donde más se miente: cada bando político tiene su culpable favorito. La verdad es que la inflación puede tener tres orígenes distintos —y casi siempre es una mezcla—. Vamos a separarlos con claridad, porque distinguirlos es lo que separa un análisis honesto de un eslogan.


LAS TRES FAMILIAS DE CAUSAS

1) Inflación de demanda: «demasiado dinero persiguiendo pocos bienes»

Ocurre cuando la demanda (las ganas de gastar de hogares, empresas y Estado) crece más deprisa que la capacidad de producir de la economía. Si todos quieren comprar más de lo que se fabrica, los precios suben para repartir lo que hay. Es la inflación de la economía «recalentada»: mucho empleo, mucho crédito, mucho gasto público, mucha confianza… y la oferta no da abasto. Suele aparecer en las fases altas del ciclo económico.

2) Inflación de costes: cuando producir se encarece

Aquí la presión no viene de la demanda, sino de la oferta: sube el coste de producir y las empresas lo trasladan a los precios. Los disparadores típicos son los shocks de oferta: un subidón del petróleo o el gas, una guerra que corta suministros, una pandemia que rompe las cadenas de producción, una mala cosecha global. Como la energía y las materias primas están en casi todo (el transporte, la fabricación, la calefacción), un shock energético se cuela en el precio de casi cualquier cosa. A esta familia pertenece la espiral precios-salarios: si los precios suben, los trabajadores piden subidas salariales para no perder; esas subidas encarecen producir, lo que sube más los precios… y vuelta a empezar.

3) Inflación monetaria: el factor de fondo (el dinero)

Y debajo de las dos anteriores está la causa más profunda y más discutida: la cantidad de dinero. La idea, con siglos de historia, se resume en la teoría cuantitativa del dinero: si la cantidad de dinero en circulación crece más rápido que la cantidad de bienes y servicios que produce la economía, sobra dinero y cada unidad vale menos → suben los precios. Lo dijo célebremente el premio Nobel Milton Friedman:

«La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario.»

La frase es polémica (muchos la matizan), pero apunta a algo robusto: ningún episodio de inflación alta y sostenida ha ocurrido sin un crecimiento fuerte de la cantidad de dinero. Un shock de oferta, por sí solo, sube los precios una vez (un escalón) y se detiene; para que ese escalón se convierta en una escalera sin fin —inflación sostenida— hace falta que el dinero acompañe. Sin gasolina monetaria, el fuego se apaga.


LA SÍNTESIS HONESTA: CHISPA Y GASOLINA

La forma más útil de juntarlo todo es esta metáfora:

  • Los shocks de oferta (energía, guerra) y los excesos de demanda son la chispa: encienden el fuego.
  • La cantidad de dinero es la gasolina: decide si esa chispa se queda en un susto puntual o prende un incendio que dura años.

Por eso discutir «¿es inflación de costes o monetaria?» como si fueran excluyentes es un error: suelen actuar juntas. Un shock energético en una economía con poco dinero extra produce un repunte y vuelta a la normalidad; el mismo shock en una economía inundada de dinero produce inflación persistente.


EL INGREDIENTE QUE LO ACELERA TODO: LAS EXPECTATIVAS

Hay un factor casi psicológico y muy poderoso: las expectativas. Si la gente espera que haya inflación, la provoca: los trabajadores piden subidas salariales por adelantado, las empresas suben precios preventivamente, los contratos se indexan. La inflación esperada se vuelve profecía autocumplida. Por eso los bancos centrales repiten tanto que quieren «anclar las expectativas»: su mayor activo es la credibilidad. Si la gente confía en que controlarán la inflación, es más fácil controlarla; si pierden esa confianza, la inflación se desancla y cuesta muchísimo más domarla.


EL PAPEL DE IMPRIMIR DINERO PARA FINANCIAR AL ESTADO

Un caso especial, y el más peligroso históricamente: cuando un Estado gasta mucho más de lo que ingresa y cubre el agujero creando dinero (lo que se llama monetizar el déficit). En vez de subir impuestos —impopular— o pedir prestado a inversores —que tiene límite—, el Gobierno, a través de su banco central, fabrica el dinero que necesita. Es el atajo que ha provocado las peores inflaciones de la historia (lo veremos en el artículo 6). En América Latina es casi un clásico: la Argentina de las últimas décadas y la Venezuela reciente son ejemplos de manual de déficit público cubierto con emisión de dinero, que degenera en inflación crónica o hiperinflación. Conecta directamente con lo del artículo 1: la inflación como impuesto que nadie vota, una forma sigilosa de financiar al Estado a costa del que tiene dinero.


CONTRASTE: EL DEBATE DE 2021-2023

Un ejemplo reciente y honesto. Tras la pandemia, el mundo vivió la mayor inflación en décadas, y el debate fue exactamente este: ¿de costes (cuellos de botella post-COVID + guerra de Ucrania que disparó la energía) o de demanda/monetaria (estímulos fiscales y monetarios gigantescos, tipos a cero, balances de los bancos centrales hinchados)? (verificar magnitudes antes de publicar.)

La respuesta honesta, vista con perspectiva, es las dos cosas a la vez: hubo shocks de oferta reales (la chispa) sobre una economía con una enorme cantidad de dinero y ahorro acumulado (la gasolina). Quien dijo «es solo transitorio, es la energía» se equivocó por minusvalorar el dinero; quien dijo «es solo culpa de imprimir» ignoró los cuellos de botella. Los monocausalistas fallaron; los que miraron chispa y gasolina, acertaron. Esa es la lección.


EN RESUMEN

  • La inflación tiene tres orígenes: de demanda (gasto que supera la producción), de costes (shocks de oferta, energía, espiral precios-salarios) y monetaria (demasiado dinero).
  • Suelen actuar juntas: los shocks son la chispa, el dinero es la gasolina.
  • Las expectativas la aceleran (profecía autocumplida); por eso importa la credibilidad del banco central.
  • El caso más peligroso: imprimir dinero para financiar al Estado.

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