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El eje político · La Choza del Erizo

La izquierda a fondo: dos siglos y medio de una idea

Índice

  1. El día que nació la palabra
  2. Los precursores: antes de que existiera el nombre
  3. El siglo XIX: la cuestión social lo cambia todo
  4. La gran escisión: 1917 y sus consecuencias
  5. España: una historia propia
  6. 1945-1968: el bienestar y la nueva izquierda
  7. 1989-2008: la caída, la tercera vía y el regreso
  8. Las corrientes de hoy, una por una
  9. La izquierda en la cultura popular
  10. Mitos frecuentes: cuáles son falsos y cuáles no
  11. Glosario
  12. Para seguir leyendo

1 · El día que nació la palabra

El 28 de agosto de 1789, en Versalles, la Asamblea Nacional francesa discutía un asunto que hoy parece técnico y entonces lo era todo: si el rey debía conservar el derecho de veto sobre las leyes que aprobara la Asamblea. Se trataba, en el fondo, de decidir quién mandaba de verdad en Francia.

La sala era un caos. Para poder contarse y para no discutir a gritos entre desconocidos, los diputados empezaron a agruparse físicamente: los que defendían mantener la autoridad del monarca fueron ocupando los bancos a la derecha del presidente de la Asamblea; los que defendían que la soberanía residía en la nación y no en el rey, los bancos a la izquierda.

No hubo teoría, ni manifiesto, ni bautizo. Hubo una cuestión de asientos. El barón de Gauville, un diputado monárquico, dejó escrito que se agruparon así «para evitar los gritos y las groserías» del otro bando. Pero aquella disposición se repitió sesión tras sesión, la prensa empezó a usarla como atajo —»los de la izquierda opinan que…»— y acabó convertida en la metáfora política más duradera de la historia: dos siglos y medio después, seguimos usando un plano de asientos de una sala que ya no existe.

Quiénes eran aquella primera izquierda

Aquí está el dato que más incomoda a casi todo el mundo, y con el que conviene empezar cualquier explicación honesta: la izquierda original eran los liberales.

Eran, en su mayoría, burguesía ilustrada, abogados, comerciantes y algún noble díscolo. Lo que pedían era esto: – Derechos individuales frente al poder absoluto, recogidos en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (agosto de 1789), que consagra la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. – El fin de los privilegios de nacimiento: que un noble y un campesino respondieran ante la misma ley. – Libertad de comercio frente a los gremios y los monopolios reales. – Una constitución que atara al poder.

Nombres de aquella izquierda: el abate Sieyès, autor del panfleto ¿Qué es el Tercer Estado? —»todo; ¿qué ha sido hasta ahora?: nada»—, Mirabeau, Barnave o el joven Robespierre, que entonces era un abogado provinciano defensor del sufragio ampliado y de la abolición de la pena de muerte. Enfrente, en la derecha, estaban los defensores del trono, del altar y de los estamentos.

Todo lo que hoy asociamos con la izquierda —el socialismo, el Estado del bienestar, los sindicatos— no existía todavía. Tardaría medio siglo en aparecer.

2 · Los precursores: antes de que existiera el nombre

La palabra nació en 1789, pero las ideas venían de antes.

Los Niveladores ingleses (Levellers), 1640s. Durante la Guerra Civil inglesa, un movimiento dentro del ejército parlamentario pidió sufragio amplio, igualdad ante la ley y tolerancia religiosa. En los debates de Putney (1647), el coronel Rainsborough pronunció una frase que resume dos siglos de política por venir: «el más pobre de Inglaterra tiene una vida que vivir, igual que el más grande». Fueron aplastados por Cromwell, pero plantaron la semilla.

Rousseau (1712-1778). Su Discurso sobre el origen de la desigualdad (1755) sostiene que la desigualdad no es natural, sino social: aparece con la propiedad y las instituciones. Y El contrato social (1762) le da a la izquierda su idea fundacional: la soberanía reside en el pueblo, no en el monarca. También le dejó, como veremos, su problema más peligroso: la «voluntad general», que puede aplastar al individuo en nombre de todos.

Babeuf y la Conspiración de los Iguales (1796). Cuando la Revolución francesa ya se estaba apagando, Gracchus Babeuf planteó algo nuevo: la igualdad legal no basta si la propiedad sigue concentrada. Pidió igualdad real, comunidad de bienes y reparto de la tierra. Fue guillotinado en 1797, y suele considerarse el primer comunista moderno: el primero que dijo que la revolución política estaba incompleta sin revolución económica.

3 · El siglo XIX: la cuestión social lo cambia todo

Lo que transforma a la izquierda de liberal en social no es un libro: es el vapor.

La industrialización llena las ciudades de fábricas y de gente. Manchester pasa de 25.000 habitantes a más de 300.000 en un siglo. Las condiciones son las que son: jornadas de doce a dieciséis horas, trabajo infantil desde los cinco o seis años, viviendas hacinadas, esperanza de vida de veinte y pocos años en los barrios obreros. Friedrich Engels lo documenta en La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845) tras vivir en Manchester, donde su familia tenía una fábrica.

Y aparece la pregunta que define a la izquierda moderna: ¿de qué sirve ser libre ante la ley si tienes que elegir entre la fábrica y el hambre?

Los socialistas «utópicos»

Los primeros en responder fueron un grupo variopinto al que Marx llamaría, con desdén, «utópicos»:

  • Henri de Saint-Simon (1760-1825): propuso que la sociedad la dirigieran científicos e industriales en lugar de nobles y militares. Curiosamente, es también el padre de la tecnocracia.
  • Charles Fourier (1772-1837): diseñó comunidades autosuficientes, los falansterios, con un detalle extraordinario. Acuñó además la palabra feminismo y sostuvo que el grado de emancipación de la mujer mide el progreso de una sociedad.
  • Robert Owen (1771-1858): no teorizó, lo hizo. En su fábrica de New Lanark (Escocia) eliminó el trabajo infantil, redujo la jornada, abrió una escuela para los hijos de los obreros… y siguió ganando dinero. Es el primer caso documentado de que tratar bien a los trabajadores podía ser compatible con un negocio rentable.

Marx y Engels

En 1848, año de revoluciones en media Europa, se publica el Manifiesto Comunista. En 1867, el primer tomo de El Capital. Marx aporta tres cosas que cambian la izquierda para siempre:

  • El materialismo histórico: la historia la mueven las condiciones materiales de producción, no las ideas.
  • La plusvalía: el trabajador produce más valor del que recibe en salario, y esa diferencia es el beneficio.
  • La lucha de clases como motor: el conflicto no es un accidente del sistema, es su estructura.

Lo decisivo no es si sus conclusiones eran correctas —hoy la mayoría de economistas rechaza la teoría del valor-trabajo—, sino que convirtió el malestar obrero en una teoría con pretensión científica, y le dio a millones de personas la sensación de que la historia jugaba a su favor.

La Internacional y la primera gran ruptura

En 1864 nace en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (Primera Internacional). Dura ocho años y revienta por una pelea que sigue viva hoy: Marx defendía tomar el poder del Estado para transformarlo desde dentro; Bakunin sostenía que cualquier Estado, incluso uno obrero, acabaría oprimiendo, y que el poder había que destruirlo, no ocuparlo. En el congreso de La Haya (1872) los marxistas expulsan a los anarquistas.

Bakunin escribió entonces una advertencia que la historia le dio la razón de forma escalofriante: si los marxistas tomaban el poder, crearían «la dictadura de una nueva élite de exgobernados convertidos en gobernantes». Faltaban 45 años para 1917.

La Comuna de París (1871)

Durante 72 días, tras la derrota francesa ante Prusia, París se autogobierna. La Comuna aprueba medidas radicales: separación Iglesia-Estado, educación laica y gratuita, entrega a los trabajadores de los talleres abandonados, límite a los sueldos de los cargos públicos. Termina en la Semana Sangrienta, con miles de fusilados.

Para la izquierda posterior fue mucho más que un episodio: fue el mito fundacional, la prueba de que «otra sociedad era posible» aunque durase dos meses.

El sindicalismo y las conquistas concretas

Mientras los teóricos discutían, los sindicatos arrancaban lo tangible. En 1886, en Chicago, la huelga por la jornada de ocho horas termina en la revuelta de Haymarket y en el ahorcamiento de varios anarquistas tras un juicio muy discutido; de ahí sale el 1 de mayo como Día del Trabajador —conmemorado en casi todo el mundo, no en Estados Unidos—. La jornada de ocho horas se irá conquistando país por país en las décadas siguientes: en España, en 1919, tras la huelga de La Canadiense en Barcelona.

4 · La gran escisión: 1917 y sus consecuencias

En octubre de 1917, los bolcheviques toman el poder en Rusia. La izquierda mundial se parte en dos, y la grieta no se cerrará nunca del todo.

La rama comunista. Lenin funda en 1919 la Tercera Internacional e impone a los partidos que quieran entrar las llamadas 21 condiciones: disciplina férrea, ruptura con los socialistas moderados y obediencia a Moscú. En casi todos los países europeos, el partido socialista se escinde en dos.

La rama socialdemócrata. Ya venía de antes: en 1899, el alemán Eduard Bernstein había publicado Las premisas del socialismo, donde sostenía que la revolución no era necesaria ni inevitable —los salarios subían, la clase media crecía— y que el socialismo llegaría por reformas y elecciones. Le llamaron «revisionista» como insulto. El tiempo le dio bastante la razón: los países que siguieron su vía son hoy los más prósperos e igualitarios del mundo.

El expediente que no se puede esquivar

Y aquí toca la parte más dura, porque un dossier honesto no la puede pasar de puntillas.

Los regímenes que se proclamaron socialistas produjeron, en el siglo XX, una cadena de catástrofes: los procesos de Moscú y el Gulag bajo Stalin; el Holodomor ucraniano (1932-33), con millones de muertos por hambre; el Gran Salto Adelante de Mao (1958-62), la mayor hambruna documentada de la historia; la Revolución Cultural; los campos de Camboya bajo los Jemeres Rojos; el aislamiento hereditario de Corea del Norte.

La izquierda democrática responde —con razones— que ella combatió esos regímenes tanto como la derecha: los socialdemócratas europeos fueron enemigos declarados del comunismo soviético, y muchos de los primeros en denunciarlo fueron gente de izquierdas. George Orwell, socialista convencido, luchó en España con el POUM, vio cómo los comunistas perseguían a sus propios aliados y escribió Homenaje a Cataluña, Rebelión en la granja y 1984 — libros que hoy se citan a menudo contra la izquierda y que escribió un hombre de izquierdas. Lo mismo Arthur Koestler en El cero y el infinito, o Albert Camus en su ruptura con Sartre.

Pero la objeción también es seria, y merece formularse sin trampas: si un ideal se ha intentado tantas veces y ha terminado tantas veces igual, preguntarse por qué no es un ataque, es una obligación intelectual. Las dos respuestas más honestas que se dan desde dentro son: que el poder absoluto corrompe cualquier proyecto (y entonces el problema es concentrar poder, no el ideal), y que suprimir el mercado destruye la información que necesita la economía para funcionar (el problema del cálculo económico de Mises y Hayek). Ninguna de las dos es tranquilizadora para quien defiende una planificación fuerte.

5 · España: una historia propia

España llega tarde a la industrialización y, por tanto, tarde al socialismo, pero luego lo vive con una intensidad poco común.

  • 1868-74: el Sexenio Democrático y la Primera República traen las primeras organizaciones obreras. Llega a España un enviado de Bakunin, y por eso el anarquismo arraiga aquí más que en casi ningún otro país europeo.
  • 1879: Pablo Iglesias, tipógrafo, funda el PSOE en una taberna de Madrid. En 1888 nace la UGT.
  • 1910: se funda la CNT, sindicato anarcosindicalista que llegará a tener más de un millón de afiliados: el movimiento libertario más potente que ha existido en ningún país.
  • 1931-36: la Segunda República trae sufragio femenino (defendido por Clara Campoamor contra buena parte de su propio partido), reforma agraria, educación pública masiva y las Misiones Pedagógicas.
  • 1936-39: la Guerra Civil. Y dentro del bando republicano, una guerra dentro de la guerra: comunistas contra anarquistas y POUM en los Hechos de Mayo de Barcelona (1937). Es el episodio que radiografía la fractura de 1917 llevada al extremo.
  • 1939-75: el franquismo. La izquierda, ilegalizada, perseguida y en el exilio; Comisiones Obreras nace en la clandestinidad.
  • 1977-82: la Transición. El PCE de Santiago Carrillo acepta la monarquía y la bandera; el PSOE de Felipe González renuncia oficialmente al marxismo en 1979 —una decisión durísima internamente— y gana por mayoría absoluta en 1982.
  • 1982-96: el felipismo: entrada en la OTAN tras el referéndum (habiendo hecho campaña contra ella años antes), universalización de la sanidad, expansión educativa, reconversión industrial y, al final, los casos de corrupción y los GAL.
  • 2011: el 15-M llena las plazas. De ahí, con matices, saldrá Podemos (2014).
  • 2014-hoy: recomposición constante: Podemos, confluencias, Unidas Podemos, Sumar; y las izquierdas soberanistas (ERC, EH Bildu, BNG) con peso decisivo.

6 · 1945-1968: el bienestar y la nueva izquierda

El Estado del bienestar

Tras la Segunda Guerra Mundial, la socialdemocracia protagoniza lo que probablemente sea su mayor éxito histórico. En Reino Unido, el informe Beveridge (1942) propone combatir «los cinco gigantes» —necesidad, enfermedad, ignorancia, miseria y ociosidad—; el gobierno laborista de Clement Attlee crea en 1948 el NHS, sanidad gratuita en el punto de uso. En Escandinavia se construye el modelo nórdico. En Alemania y Francia, la socialdemocracia pacta con la democracia cristiana un capitalismo con fuerte protección social.

Los treinta años siguientes —los «treinta gloriosos»— combinan crecimiento alto, desigualdad decreciente y expansión de derechos. Es el periodo que la izquierda europea recuerda como su edad dorada, y no sin motivo.

1968 y el giro cultural

En los años sesenta aparece una izquierda distinta, más urbana, más joven y más universitaria, que ya no habla solo de fábricas:

  • Feminismo: El segundo sexo de Simone de Beauvoir (1949) —»no se nace mujer, se llega a serlo»— abre la llamada segunda ola.
  • Derechos civiles: Martin Luther King y el movimiento afroamericano en Estados Unidos.
  • Ecologismo: Primavera silenciosa de Rachel Carson (1962) inaugura la conciencia ecológica moderna.
  • Contracultura: Mayo del 68 en París, con su mezcla de huelga general obrera y revuelta estudiantil. Herbert Marcuse y la Escuela de Fráncfort le dan armazón teórico.

Este giro es la raíz de la izquierda actual y también de una de sus tensiones más citadas: el desplazamiento del foco desde la clase hacia la identidad y la cultura, que unos ven como ampliación natural de la lucha por la emancipación y otros —incluso dentro de la izquierda, como sostuvo Mark Fisher— como el abandono de su base social original.

7 · 1989-2008: la caída, la tercera vía y el regreso

1989-91. Cae el Muro de Berlín y se desintegra la URSS. Para la izquierda comunista es una derrota total; para la socialdemocracia, un alivio ambiguo: desaparece el rival incómodo, pero también el contrapeso que hacía al capitalismo occidental generoso por miedo. Francis Fukuyama proclama «el fin de la Historia».

Los noventa: la tercera vía. El sociólogo Anthony Giddens le da nombre y teoría; Tony Blair en Reino Unido, Bill Clinton en Estados Unidos y Gerhard Schröder en Alemania la aplican. La idea: aceptar el mercado y la globalización, y centrarse en repartir mejor sus frutos e invertir en educación. Ganó elecciones durante quince años, y luego se le reprochó desde su propia casa haber vaciado a la izquierda de contenido y haber dejado sin voz a los perdedores de la globalización.

2008 y después. La crisis financiera reabre todo. Aparecen movimientos —Occupy, el 15-M— y partidos nuevos a la izquierda de la socialdemocracia: Syriza en Grecia, Podemos en España, la corriente de Sanders en EEUU o Corbyn en Reino Unido. El resultado, medido en balance, es desigual: la socialdemocracia clásica se ha debilitado en casi toda Europa, y buena parte del voto obrero desencantado no se ha ido a la izquierda alternativa, sino a opciones nacional-populistas de derecha. Es el hecho que más obliga a pensar a la izquierda actual.

8 · Las corrientes de hoy, una por una

Socialdemocracia. Economía de mercado con Estado del bienestar fuerte, financiado con impuestos progresivos. Acepta la propiedad privada y la empresa. Su reto: mantener el bienestar con poblaciones envejecidas y competencia global. (PSOE, laboristas, SPD, socialdemócratas nórdicos.)

Izquierda alternativa o postmarxista. Sostiene que la socialdemocracia se rindió y que hacen falta cambios más profundos: intervención pública fuerte, vivienda, banca pública, límites al capital. Su base teórica reciente bebe de Laclau y Mouffe. (Sumar, Podemos, IU, Melenchon, Die Linke.)

Comunismo. La tradición marxista clásica, hoy muy minoritaria en Occidente y transformada allí donde gobierna —China combina partido único con capitalismo de Estado, lo que hace difícil llamarla comunista en sentido económico—.

Ecologismo político. Parte de que el crecimiento infinito es imposible en un planeta finito. Ha pasado de movimiento marginal a fuerza de gobierno en varios países europeos. Su tensión interna: los sectores más pragmáticos aceptan tecnología y mercado (nuclear, precios del carbono) y los más rupturistas defienden el decrecimiento.

Izquierda identitaria. Foco en las opresiones que no son solo económicas: género, raza, orientación sexual, identidad. Su concepto clave es la interseccionalidad (Kimberlé Crenshaw, 1989): las discriminaciones se acumulan y no pueden analizarse por separado. Es la corriente que más debate genera dentro de la izquierda.

Anarquismo y libertarismo de izquierda. Sin Estado y sin propiedad privada de los medios de producción; hoy más influyente en movimientos sociales, okupación y ateneos que en partidos. Su gran aportación intelectual actual: Elinor Ostrom (Nobel de Economía 2009) demostró que existen comunidades capaces de gestionar recursos comunes de forma sostenible sin Estado ni mercado — un hallazgo que obliga a matizar la vieja «tragedia de los comunes».

Izquierdas soberanistas. Combinan agenda social con reivindicación nacional. (ERC, EH Bildu, BNG.)

9 · La izquierda en la cultura popular

Ninguna corriente política ha producido tanta iconografía, y eso explica buena parte de su capacidad de arrastre.

Himnos y canciones. La Internacional (letra de Eugène Pottier tras la Comuna, 1871; música de Pierre Degeyter, 1888), traducida a decenas de idiomas y adoptada como himno por movimientos de todo el mundo. Bella ciao, convertida en himno antifascista y relanzada globalmente por una serie de televisión —La casa de papel— que la puso en discotecas de medio planeta. En España y Latinoamérica, la canción protesta: Víctor Jara —asesinado en 1973 en Chile—, Violeta Parra, Mercedes Sosa, Labordeta con Canto a la libertad, Serrat cantando en catalán cuando estaba prohibido, Paco Ibáñez. En Portugal, Grândola, Vila Morena de Zeca Afonso fue la señal radiofónica que puso en marcha la Revolución de los Claveles el 25 de abril de 1974.

Símbolos. El puño en alto (saludo del Frente Popular en los años treinta), el rojo de las banderas, la rosa de la socialdemocracia europea, la estrella roja, la bandera rojinegra anarcosindicalista. Y el caso más irónico de la historia de la publicidad: la foto del Che Guevara tomada por Alberto Korda en 1960, hoy reproducida en camisetas y tazas vendidas por el mismo sistema que él quería destruir. La foto nunca tuvo derechos comerciales reclamados: Korda solo pidió que no se usara para vender alcohol.

Cine. Ken Loach ha hecho de la clase obrera británica el centro de su obra (Yo, Daniel Blake, Tierra y libertad, sobre las milicias en la Guerra Civil española). Costa-Gavras (Z) llevó al thriller la denuncia de las dictaduras. La sal de la tierra (1954), sobre una huelga minera, fue rodada por cineastas en la lista negra del macartismo y prohibida en Estados Unidos. Y en el cine popular: Los miserables de Victor Hugo, con las barricadas de 1832 convertidas en musical de éxito mundial; Pride, sobre la insólita alianza entre mineros británicos y activistas gays en 1984; o Novecento de Bertolucci.

Literatura. Además de Orwell —el autor de izquierdas más citado por la derecha—, Las uvas de la ira de Steinbeck, La madre de Gorki, Homenaje a Cataluña, la poesía de Miguel Hernández y de Neruda, y buena parte de la generación del 27.

Y una crítica cultural nacida dentro: el escritor Tom Wolfe acuñó en 1970 la expresión radical chic para describir a las élites culturales que exhiben simpatías revolucionarias como distinción social, sin coste alguno para su modo de vida. Es la burla más certera que se le ha hecho a cierta izquierda acomodada, y sigue doliendo porque describe algo real.

10 · Mitos frecuentes: cuáles son falsos y cuáles no

«La izquierda siempre quiere más impuestos.» Parcialmente cierto, con matices. La izquierda defiende más gasto público y una fiscalidad progresiva, sí; pero la socialdemocracia nórdica financia su bienestar con impuestos muy altos sobre las clases medias, no solo sobre los ricos, y con economías extraordinariamente abiertas al comercio. La caricatura de «impuestos a los ricos para pagarlo todo» no describe ni siquiera al modelo que se pone como ejemplo.

«Socialismo y comunismo son lo mismo.» Falso, aunque comparten raíz. Comparten origen y algunos objetivos, pero se separaron formalmente en 1919 y se combatieron a muerte durante todo el siglo XX. Confundirlos hace imposible entender por qué en 1937 se dispararon entre sí en Barcelona.

«La izquierda odia la propiedad privada.» Falso para la mayoría de sus corrientes. La socialdemocracia —la familia mayoritaria en Europa— defiende la propiedad privada y la empresa; discute la distribución, no la existencia. Es cierto para las corrientes comunistas y anarquistas, minoritarias hoy.

«La izquierda ya no representa a los trabajadores.» Parcialmente cierto, y es su problema más serio. Los datos electorales de casi toda Europa muestran el desplazamiento del voto obrero. Es un hecho, no una acusación, y la propia izquierda lo debate abiertamente.

«Todo lo bueno que tenemos lo trajo la izquierda.» Exagerado. Muchas conquistas fueron fruto de presión sindical y también de pactos con democristianos y liberales; el sufragio femenino se aprobó en varios países con gobiernos conservadores, y en España lo defendió Clara Campoamor contra buena parte de la izquierda de su propio partido, que temía el voto femenino por conservador.

«La izquierda es utópica y la derecha realista.» Es una caricatura simétrica. Hay utopismo en los dos lados: el de una sociedad sin clases y el de un mercado perfectamente libre en el que todo se resuelve solo. Ninguno de los dos existe.

11 · Glosario

  • Plusvalía: en Marx, la diferencia entre el valor que produce un trabajador y lo que cobra por su trabajo.
  • Materialismo histórico: la tesis de que la historia la determinan las condiciones materiales de producción.
  • Revisionismo: la corriente de Bernstein que defendió llegar al socialismo por reformas y elecciones.
  • Socialdemocracia: economía de mercado + Estado del bienestar fuerte, por vía democrática.
  • Tercera vía: la síntesis de los noventa que aceptó el mercado y la globalización.
  • Interseccionalidad: las discriminaciones se superponen y no pueden analizarse por separado.
  • Cálculo económico: el argumento de Mises y Hayek de que sin precios de mercado el planificador no puede saber qué producir.
  • Radical chic: simpatía revolucionaria exhibida como distinción social por quien no asume ningún coste.

12 · Para seguir leyendo

Fuentes primarias: Marx y Engels (Manifiesto Comunista, El Capital), Rousseau (El contrato social), Bernstein (Las premisas del socialismo), Kropotkin (El apoyo mutuo), Beauvoir (El segundo sexo).

Críticas desde dentro: Orwell (Homenaje a Cataluña, Rebelión en la granja), Koestler (El cero y el infinito), Camus (El hombre rebelde), Mark Fisher (Realismo capitalista).

Críticas desde fuera: Hayek (Camino de servidumbre), Mises (El socialismo), Nozick (Anarquía, Estado y utopía).

Historia: Eric Hobsbawm (La era de la revolución y siguientes; historiador marxista, léase sabiendo su posición), Tony Judt (Postguerra), Santos Juliá (para el caso español).

En La Choza: Qué es la izquierda (versión corta) · La derecha a fondo (el gemelo) · Qué es el centro · Sistemas Políticos.

Nota de la casa. Somos minarquistas, y en este dossier hemos intentado escribir la historia de la izquierda como la escribiría alguien que la respeta: con sus victorias, sus rupturas internas y sus catástrofes, sin caricatura y sin propaganda. El dossier gemelo aplica exactamente el mismo trato a la derecha, incluida la tradición de la que nosotros venimos. Si detectas que hemos sido más duros con un lado que con el otro, escríbenos: sería un fallo, no una intención.