REPÚBLICA: LA COSA PÚBLICA Y EL IMPERIO DE LA LEY
«República» viene del latín res publica: la cosa pública, lo que es de todos y de nadie en particular. Su seña de identidad es doble: la jefatura del Estado es electa y temporal (no se hereda) y el poder está sometido a la ley. Ojo a una confusión muy común: república no es lo mismo que democracia. Subraya el imperio de la ley y la representación, y puede ser más o menos democrática.
¿Quién manda y cómo se decide?
Representantes elegidos y una jefatura del Estado temporal. La soberanía reside en la ciudadanía y, sobre todo, en la ley: nadie está por encima de ella, ni el que manda.
Variantes
- Republicanismo clásico: virtud cívica y gobierno mixto (Roma, Venecia).
- Repúblicas modernas: presidencial (EE. UU.), parlamentaria (Alemania, Italia) o semipresidencial (Francia).
Lo mejor que se puede decir de ella (steelman)
- Sin privilegio hereditario: el poder se gana y, sobre todo, se deja.
- Imperio de la ley y contrapesos: límites escritos al que gobierna.
- Una cultura de virtud cívica: lo público importa porque es de todos.
Las objeciones serias
- Puede ser oligárquica: una república también puede estar gobernada por unos pocos (república ≠ pueblo).
- Facciones y degeneración: la lucha de partidos puede pudrir las instituciones (el final de la Roma republicana).
🦔 Lectura minarquista
La república nos resulta muy compatible… siempre que el poder sea pequeño. Lo que valoramos no es la etiqueta, sino lo que trae de serie: imperio de la ley, límites al poder y ausencia de privilegio. Que la jefatura sea un presidente o un rey simbólico importa menos que cuánto puede hacer y qué lo frena. Una buena república es, ante todo, una de poder limitado.
Para seguir
- Vecinas: Democracia, Monarquía, Minarquía.
- Para leer: Cicerón (Sobre la república), Maquiavelo (Discursos sobre la primera década de Tito Livio), Montesquieu (El espíritu de las leyes).