🧩 Diversificación y riesgo: el único almuerzo gratis (y dónde se acaba)
«No pongas todos los huevos en la misma cesta» es el único consejo financiero que todo el mundo conoce, y por eso casi nadie lo aplica bien. Se cree diversificado quien tiene ocho fondos que contienen las mismas empresas, quien tiene todo su patrimonio en tres pisos del mismo barrio, o quien trabaja en una empresa y además tiene ahí sus ahorros. Esta pieza va de qué es diversificar de verdad, por qué es lo único en finanzas que reduce el riesgo sin reducir la rentabilidad esperada —el «único almuerzo gratis», en la frase atribuida a Harry Markowitz, que formalizó la idea en 1952— y, con la misma honestidad, dónde deja de funcionar.
Primero, qué es el riesgo (y qué no)
Ya lo dijimos en volatilidad no es riesgo y conviene repetirlo porque todo lo demás cuelga de ahí: el riesgo no es que el precio se mueva, es la probabilidad de una pérdida permanente. Y ese riesgo tiene dos naturalezas completamente distintas, que exigen remedios distintos.
El riesgo específico es el de una empresa, un sector o un país concreto: que Nokia no viera venir el smartphone, que un fraude contable hunda una compañía, que una regulación destruya un modelo de negocio, que un país entre en crisis. Es el riesgo de que algo le pase a lo tuyo. Y tiene una propiedad maravillosa: se puede eliminar casi por completo repartiendo, porque lo que le pasa a Nokia no le pasa a la vez a otras mil empresas.
El riesgo sistemático o de mercado es el que afecta a todo a la vez: una recesión mundial, una subida brusca de tipos, una pandemia, una guerra. Contra este la diversificación dentro de la bolsa no sirve de nada: en marzo de 2020 cayó todo, en 2008 cayó todo. Es el precio que se paga por la rentabilidad de la renta variable, y la única forma de reducirlo es tener cosas que no sean bolsa —renta fija corta, oro, liquidez— o tener tiempo.
Cuatro nombres para que el riesgo específico deje de ser una abstracción. Enron, la séptima empresa de Estados Unidos por ingresos, pasó de 90 dólares por acción en agosto de 2000 a menos de uno en diciembre de 2001 (Servicio de Investigación del Congreso de EE. UU., RS21135), cuando se descubrió que las cuentas eran ficción. Banco Popular, el sexto banco español, fue resuelto en la noche del 6 al 7 de junio de 2017 y vendido al Santander por un euro: sus 305.000 accionistas se levantaron con sus acciones valiendo cero, sin quiebra, sin aviso y sin posibilidad de vender. Wirecard, la estrella tecnológica alemana incluida en el DAX, reconoció en junio de 2020 que 1.900 millones de euros de su caja no existían y se hundió de más de 100 euros por acción a menos de uno en una semana. Nokia no quebró ni cometió fraude: simplemente no vio venir el smartphone, y perdió más del 90 % de su valor entre su máximo de 2007 y 2012. Cuatro empresas grandes, conocidas, auditadas, en índices. Quien tenía toda su cartera en cualquiera de ellas lo perdió todo o casi; quien las tenía como una de veinte posiciones perdió un 5 % de la cartera, que es lo que el mercado se mueve en una semana mala. Esa es toda la diferencia, y no la da el acierto, la da el reparto.
Entender esta división es entender toda la pieza: diversificas para eliminar el riesgo que no te pagan por asumir. El mercado remunera el riesgo sistemático (es la prima de la renta variable); el específico no lo remunera, porque cualquiera puede quitárselo gratis repartiendo. Quien lo asume concentrándose en tres empresas está corriendo un riesgo por el que nadie le paga.
Cuántas cestas hacen falta: menos de las que crees, más de las que tienes
Antes de contar cestas, la intuición de por qué funciona, sin una sola fórmula. Imagina un pueblo de costa con dos negocios: un puesto de helados y una tienda de paraguas. Los veranos de sol el heladero se forra y el de los paraguas se aburre; los veranos de lluvia, al revés. Cada negocio por separado es una montaña rusa que depende del tiempo. Pero quien es dueño de los dos tiene un ingreso casi plano cada verano: lo que pierde uno lo gana el otro. No ha renunciado a nada —la suma de los beneficios de los dos negocios es la misma la tenga una persona o dos— y ha eliminado el vaivén. Eso es la diversificación, y la palabra técnica que mide cuánto se parecen dos vaivenes es la correlación, un número entre −1 y +1. Helados y paraguas están cerca de −1: se mueven al revés, y juntarlos anula casi todo el riesgo. Dos heladerías del mismo pueblo están cerca de +1: se mueven igual, y juntarlas no diversifica nada. Y la mayoría de las empresas cotizadas están, típicamente, entre 0,2 y 0,5 entre sí: ni al revés ni igual, cada una con sus cosas, y por eso juntar muchas reduce el vaivén sin anularlo del todo. Lo que queda cuando ya has juntado muchas es, precisamente, el riesgo sistemático: la parte que todas comparten.
De esa intuición sale la cuenta. El estudio clásico de Evans y Archer (1968) y los muchos que lo han replicado dan una respuesta que sorprende en las dos direcciones. Con la fórmula estándar —acciones de volatilidad parecida y una correlación media entre ellas del 0,3—, esto es lo que ocurre con el riesgo específico a medida que se añaden empresas distintas:
| Acciones en cartera | Vaivén anual de la cartera | Riesgo específico eliminado |
|---|---|---|
| 1 | 40 % | 0 % |
| 2 | 32 % | 50 % |
| 5 | 27 % | 80 % |
| 10 | 24 % | 90 % |
| 20 | 23 % | 95 % |
| 30 | 23 % | 97 % |
| 100 | 22 % | 99 % |
| 500 | 22 % | 99,8 % |
Cálculo propio con el modelo clásico de cartera equiponderada (volatilidad individual del 40 %, correlación media 0,3); el suelo del 22 % es el riesgo sistemático, que no baja con más acciones.
Con una sola acción tienes todo el riesgo específico; con diez has eliminado el 90 %; con veinte o treinta, el 95-97 %; a partir de ahí, cada acción adicional apenas añade nada: pasar de 30 a 500 baja el vaivén del 22,7 % al 22 %. No hacen falta quinientas empresas para diversificar; hacen falta veinte distintas. La palabra clave es distintas: veinte bancos españoles tienen entre sí una correlación de 0,8 o 0,9, no de 0,3, y son una apuesta al sector bancario español, no una cartera diversificada.
Y aquí está el motivo por el que un fondo indexado global es la solución de pereza inteligente: te da mil quinientas empresas de veintitrés países en un solo producto por el 0,2 % anual, y el riesgo específico queda eliminado sin que tengas que pensar en él. Lo vimos en fondos, indexados y ETF.
Las cinco dimensiones de la diversificación
Repartir entre empresas es la primera dimensión y la más conocida, pero hay cuatro más, y las carteras que de verdad aguantan las crisis las usan todas.
1. Por activos. Acciones, renta fija, liquidez, quizá oro. Es la que sí reduce el riesgo sistemático, porque en una recesión la deuda pública de calidad suele subir cuando la bolsa cae. Con el aviso de 2022: cuando el problema es la inflación, acciones y bonos largos caen juntos, y la que amortiguó fue la renta fija corta. La tabla de mezclas de cómo construir una cartera muestra el precio de cada combinación.
2. Por geografía. El sesgo local es universal: los españoles tienen España, los japoneses Japón, y todos creen que lo suyo es «lo que conocen». Los números lo retratan: los inversores estadounidenses tenían en torno al 80 % de su renta variable en empresas de Estados Unidos, que pesaban la mitad del mundo; los japoneses, el 55 % en Japón, que pesaba un 7 %; los británicos, el 26 % en el Reino Unido, que pesaba otro 7 % (Vanguard, The role of home bias in global asset allocation decisions, con datos de 2014); el sesgo ha bajado desde entonces, pero sigue en todas partes. España es menos del 1 % de la bolsa mundial, y sin embargo el ahorrador español que compra acciones directamente compra casi siempre lo de casa (las empresas con más accionistas minoristas de España son, año tras año, los grandes bancos, Telefónica, Iberdrola y Repsol): tener el 50 % del ahorro en el IBEX es una apuesta enorme sobre un mercado pequeño, concentrado en bancos y en el que además ya tienes el sueldo, la casa y la pensión. El japonés que lo hizo en 1989 sabe lo que cuesta: el Nikkei cerró ese año en 38.915 puntos y no volvió a verlos hasta el 22 de febrero de 2024, treinta y cuatro años después; quien tuviera un fondo mundial en vez de uno japonés multiplicó su dinero varias veces en ese mismo periodo.
3. Por tiempo. Aportar cada mes durante años reparte el riesgo de entrar en el peor momento. No es la forma matemáticamente óptima —invertir de golpe gana dos de cada tres veces—, pero elimina el riesgo de que toda tu inversión coincida con un máximo. Es la diversificación temporal, y es gratis para quien ahorra con la nómina.
4. Por divisa. Una cartera mundial en euros tiene la mayor parte en dólares, y eso es a la vez un riesgo (si el dólar cae, tu cartera cae en euros aunque la bolsa no se mueva) y una diversificación (tu sueldo, tu casa y tu pensión ya están en euros; tener parte del patrimonio en otra moneda reparte el riesgo de que la tuya lo pase mal). Dos años reales lo enseñan mejor que la teoría. En 2022 el índice mundial cayó un 18,1 % medido en dólares, pero el inversor europeo que lo tenía sin cubrir vio caer su fondo solo un 12,8 % (MSCI World, rentabilidad neta por año), porque el dólar subió un 6 % frente al euro ese año: la divisa amortiguó la caída, que es exactamente lo que suele hacer el dólar en las crisis, subir cuando todo el mundo busca refugio. En 2017 pasó lo contrario: la bolsa mundial subió más del 20 % en dólares y el europeo se quedó en un 7,5 % (22,4 % en dólares), porque el euro se apreció un 14 %. Misma cartera, misma bolsa, y la divisa se llevó o trajo diez puntos. La lección no es «cubre siempre» ni «no cubras nunca». Para el horizonte largo, en renta variable, no cubrir suele ser lo sensato: el efecto se compensa a lo largo de las décadas, la cobertura cuesta cada año (el diferencial de tipos entre las dos monedas más la comisión) y el dólar tiende a ayudar justo en los malos momentos. Para el corto plazo, o para la renta fija —donde el vaivén de la divisa es mayor que el rendimiento del bono—, sí conviene cubrir, o directamente tenerla en euros.
5. Por fuente de ingresos, y esta es la que nadie mira. Tu mayor activo no es tu cartera: es tu capacidad de generar ingresos, tu trabajo. Si trabajas en una empresa, tienes acciones de esa empresa y tu plan de pensiones está en esa empresa, el día que quiebre pierdes el sueldo, los ahorros y la pensión a la vez. Los empleados de Enron tenían el 62 % de su plan de jubilación en acciones de Enron cuando la empresa quebró en 2001 (Servicio de Investigación del Congreso, RS21115), pudiendo elegir entre otras dieciocho opciones. La regla: no inviertas donde trabajas, o hazlo con una parte que puedas perder. Y lo mismo vale para el sector: el empleado de banca que solo tiene bancos, el del ladrillo que solo tiene pisos.
La falsa diversificación: parecer repartido sin estarlo
Es el error más común y el más invisible, porque el extracto parece variado. Sus formas:
- Muchos fondos, las mismas empresas. Cinco fondos de «bolsa global» de cinco gestoras tienen a Apple, Microsoft y Nvidia en los cinco. Son un fondo con cinco comisiones.
- Muchos activos, un solo motor. Acciones tecnológicas, un ETF del Nasdaq, criptomonedas y una startup de un amigo: todo depende de lo mismo (que el dinero sea barato y el apetito por el riesgo, alto). En 2022 cayó todo a la vez.
- Muchos pisos, un solo barrio. Tres viviendas en la misma ciudad son una apuesta a esa ciudad, con el agravante de que no se pueden vender en un día.
- El índice que no es tan índice. Un fondo «mundial» con el 72 % en Estados Unidos y el 28 % en diez empresas está diversificado por número y concentrado por peso. No es un error —es lo que pesa el mundo—, pero hay que saberlo.
La prueba de la verdad para cualquier cartera es una sola pregunta: ¿qué tendría que pasar para que todo esto cayera a la vez? Si la respuesta es «una subida de tipos» o «una recesión en Estados Unidos», la cartera tiene un solo motor, por muchas piezas que tenga.
Y para quien quiera hacerse la prueba con su propia cartera, cinco preguntas de un minuto:
- ¿Tus fondos comparten las diez primeras posiciones? Abre la ficha de cada uno y mira el top 10. Si Apple, Microsoft y Nvidia aparecen en todos, tienes un fondo con varias comisiones.
- ¿Inviertes en el sector en el que trabajas? Si eres del ladrillo y tienes pisos, o de banca y tienes bancos, tu sueldo y tu cartera caen el mismo día.
- ¿Cuánto pesa tu país? Suma lo que tienes en empresas españolas, en vivienda española y en deuda española. Si pasa del 30 % del patrimonio total, tu mayor riesgo se llama España, y no lo has elegido.
- ¿Qué te cayó a la vez en 2022? Si todo lo tuyo bajó ese año —tecnología, cripto, bonos largos, inmobiliario cotizado—, tu cartera tiene un solo motor: el dinero barato.
- ¿Podrías vender la mitad en una semana sin malvender? Lo que no se puede vender —pisos, negocios, participaciones privadas— no es malo, pero no cuenta como diversificación cuando hace falta liquidez.
Tres respuestas incómodas o más y la cartera parece repartida pero no lo está. Ninguna, y probablemente lo esté de verdad.
Cuando la diversificación no funciona: las correlaciones suben en las crisis
Hay que decirlo con claridad porque los folletos no lo dicen: la diversificación protege menos justo cuando más la necesitas. En los años tranquilos, los activos se mueven cada uno a su aire; en un pánico, todo el mundo vende todo a la vez para conseguir liquidez, y las correlaciones se disparan hacia uno. Los números de las dos últimas grandes crisis lo dejan claro:
| Activo | 2008 (año completo) | 2020 (19-feb → 23-mar, el desplome) |
|---|---|---|
| Bolsa EE. UU. (S&P 500) | −37 % | −34 % |
| Bolsa emergente (MSCI EM) | −53 % | −31 % |
| Materias primas (S&P GSCI) | −46 % | −40 % |
| Inmobiliario cotizado EE. UU. (REIT) | −38 % | −42 % |
| Oro | +5 % (pero −20 % en octubre) | −12 % en las dos peores semanas; +25 % en el año |
| Deuda pública EE. UU. a 10 años | +20 % | +8 % |
| Letras del Tesoro (efectivo) | +1,5 % | ≈ 0 % |
Cifras redondeadas en dólares, con dividendos (S&P Dow Jones, MSCI, S&P GSCI, Nareit, LBMA, Tesoro de EE. UU.); las de 2020 son de máximo a mínimo en una ventana de cinco semanas y por tanto aproximadas . El oro y el bono son los únicos que acabaron 2008 en positivo.
Lo que enseña la tabla es que en un pánico todo lo que tiene riesgo cae junto, en países distintos, sectores distintos y activos que en teoría no tenían nada que ver: las acciones de Brasil y los pisos de Nueva York cayeron a la vez porque quien vendía no vendía Brasil ni pisos, vendía lo que fuera para conseguir dólares. Hasta el oro, el refugio por antonomasia, cayó un 20 % en octubre de 2008 y un 12 % en marzo de 2020 en las peores semanas, porque también se vendía para cubrir pérdidas en otra parte; solo después, cuando el pánico amainó, hizo de refugio. Lo único que subió mientras todo caía fue la deuda pública de máxima calidad, y el efectivo, que no bajó. La diversificación dentro de la renta variable no te salva de una crisis: te salva de que un error concreto —una empresa, un sector, un país— te arruine. Contra la crisis sistémica, lo que funciona es lo aburrido: renta fija corta, liquidez, horizonte y no vender.
Lectura minarquista: la concentración más grande es la que nadie ve
Desde nuestra óptica, declarada, el principio de diversificación tiene una consecuencia política que conviene enunciar. El ciudadano medio español tiene su trabajo, su vivienda y su pensión futura dependiendo de la misma cosa: de que el Estado y la economía española vayan bien. Su pensión es una promesa del Estado; su casa está en España; su empleo, en España. Es la cartera más concentrada que existe, y nadie la llama así porque no se ve como cartera. La diversificación de verdad —tener parte del patrimonio en empresas de otros países, en otras monedas, en activos que no dependan del Parlamento— no es una excentricidad de ricos: es aplicar a tu vida la regla que cualquier gestor aplica a un fondo. Y es, en el fondo, otra forma de no delegar tu futuro en un solo garante, por grande que sea.
Contraste: la defensa de la concentración
«La diversificación es protección contra la ignorancia.» La frase es de Warren Buffett, en la junta de Berkshire Hathaway de 1996 (archivo de juntas, CNBC), y es seria: quien de verdad conoce un negocio a fondo puede concentrarse en él, y las grandes fortunas se han hecho concentrando (los fundadores en su empresa, Buffett en unas pocas), no repartiendo. Y Buffett practica lo que dice: las cinco mayores posiciones de Berkshire —Apple, American Express, Bank of America, Coca-Cola y Chevron, según el año— suman en torno al 70 % de toda su cartera cotizada (Berkshire Hathaway, informes 13F ante la SEC), y Apple sola llegó a pesar casi la mitad. Pero la cita completa tiene una segunda frase que sus citadores olvidan: «tiene poco sentido si sabes lo que estás haciendo». Es decir: la concentración es para quien sabe, y Buffett tiene muy claro quién no sabe. En la carta a los accionistas de 2013 explicó qué ha dejado escrito para el dinero de su mujer cuando él falte: un 10 % en deuda pública a corto plazo y un 90 % en un fondo indexado al S&P 500 de muy bajo coste (carta a los accionistas de 2013), y que ese es su consejo para el inversor corriente y para casi todos los profesionales. El hombre que mejor ha concentrado en la historia recomienda diversificar a todo el que no sea él. La mayoría de la gente —incluido casi todo profesional, como enseña el SPIVA— no sabe lo que hace en el sentido que Buffett exige, y no es un insulto: es que saberlo es un trabajo a jornada completa durante décadas. Para quien analiza empresas con rigor, como enseñamos en valoración value, una parte concentrada de la cartera tiene sentido; para el resto, la diversificación es la protección contra una ignorancia que conviene reconocer, y que el propio Buffett reconoce en nombre de los demás.
«Diversificar es garantizar la mediocridad.» También cierto: una cartera diversificada nunca multiplicará por cien. Pero tampoco irá a cero, y en cuarenta años la segunda propiedad vale más que la primera, porque el interés compuesto solo funciona sobre lo que sobrevive.
«Demasiada diversificación es indexación cara.» Es la crítica a los fondos activos que tienen doscientas posiciones: replican al índice con una comisión del 1,5 %. La diversificación de verdad no necesita más de veinte o treinta posiciones distintas, o un solo fondo indexado barato; todo lo demás es complejidad sin beneficio.
«Contra el riesgo sistémico no sirve.» Lo hemos dicho nosotros mismos: no sirve, y prometer lo contrario sería vender humo. Sirve para lo que sirve, que es mucho: que ningún error concreto te arruine.
La hoja de una página
- Hay dos riesgos: el específico (una empresa, un sector, un país) se elimina gratis repartiendo; el sistemático (todo a la vez) no, y es el que te pagan por asumir.
- Veinte o treinta posiciones distintas eliminan el 95 % del riesgo específico; un solo indexado mundial lo hace por ti.
- Diversifica en cinco ejes, no en uno: activos, geografía, tiempo, divisa y fuente de ingresos.
- No inviertas donde trabajas, ni en tu sector: el día malo es el mismo para el sueldo y para la cartera.
- Pon un tope a tu país: sueldo, casa, pensión y cartera en el mismo sitio es la concentración más grande que existe.
- La pregunta del motor único: ¿qué tendría que pasar para que todo lo mío cayera a la vez? Si hay una sola respuesta, no estás diversificado.
- Muchos fondos con las mismas diez empresas son un fondo con varias comisiones. Mira el top 10.
- No esperes que te salve en un pánico: en 2008 y 2020 cayó todo lo que tenía riesgo, hasta el oro unas semanas.
- Para el pánico están la renta fija corta, la liquidez y el horizonte, no más acciones distintas.
- Concentra solo si sabes lo que haces a jornada completa; Buffett lo hace, y recomienda a los demás el indexado.
Para seguir
Resumen: hay dos riesgos: el específico se elimina gratis repartiendo y el sistemático no; veinte posiciones distintas o un indexado bastan; diversifica también por activos, geografía, tiempo, divisa y fuente de ingresos; desconfía de lo que parece repartido con un solo motor; y no esperes que te salve en un pánico, para eso está la renta fija corta y el tiempo. Quien quiera dar el paso a concentrarse en empresas concretas, con conocimiento, tiene el camino en valoración value.
Fuentes e ideas: Harry Markowitz, Portfolio Selection (1952) · Evans y Archer, Diversification and the Reduction of Dispersion (1968) · MSCI World, ficha del índice · S&P Dow Jones Indices, SPIVA · caso Enron: CRS RS21115 · Vanguard, home bias (2017) · Berkshire, carta 2013. Divulgación con sesgo minarquista declarado. No es recomendación de inversión.
📚 Material divulgativo y educativo, con sesgo minarquista declarado. No es recomendación de inversión ni asesoramiento financiero.