El mapa de la deuda: quién debe a quién

Cómo leer las cifras. Billones = billones españoles (millones de millones). Deuda bruta ≠ neta: descontando activos del Estado y del banco central, la neta ronda la mitad (vale para Japón y EEUU). Verás dos cifras de deuda mundial según la fuente: no se contradicen, miden perímetros distintos (una incluye la banca; la otra no).

Casi todo el mundo debe dinero a alguien. Los Estados, las empresas y las familias viven sobre una montaña de deuda que en 2026 ronda los 353 billones de dólares, alrededor del 305% de todo lo que produce el planeta en un año. Es una cifra tan grande que no significa nada por sí sola. Lo que sí significa algo es la pregunta que casi nadie hace: ¿a quién se le debe? Porque el acreedor, cuando llega el apuro, es quien tiene la sartén por el mango.

(Nota de rigor: el Instituto de Finanzas Internacionales calcula ese 305% incluyendo la deuda del sector financiero; el FMI, que solo cuenta gobiernos, familias y empresas no financieras, sitúa la cifra por encima del 235%. No es que una esté mal: miden perímetros distintos.)

Quién debe más

PaísDeuda pública sobre su PIBNotas
Japón264%La mayor del mundo… pero es deuda bruta
Grecia173%Bajando desde el 180% de 2022
Italia142%
Estados Unidos129%El mayor deudor en volumen: cerca de 40 billones de dólares
España101,6%1,729 billones de euros, récord histórico 2026
Media de la UE~82%España es el 5º de la UE en peso de deuda

La deuda pública mundial ronda ya el 94% del PIB y el FMI calcula que llegará al 100% en 2029, un año antes de lo que preveía hace nada.

Pero el dato que mejor explica el problema no es cuánto se debe, sino cuánto cuesta deberlo. Estados Unidos pagará en 2026 alrededor de un billón de dólares solo en intereses, un 3,3% de su PIB. Dicho de forma más gráfica: gasta más en pagar intereses que en todo su ejército —y eso que su ejército es el mayor del mundo—. Solo la Seguridad Social le cuesta más. Y la proyección oficial dice que esa factura se duplicará en una década.

Quién compra la deuda de Estados Unidos

TenedorCantidadTendencia
Japón1,24 billones $Subiendo
Reino Unido897.000 M$Estable
China651.100 M$Mínimo desde 2008
Zona euro2,0 billones $ (conjunto)

Los extranjeros tienen 9,49 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, un récord. Y ahí está una de las historias más contadas —y peor contadas— de la geopolítica actual: China lleva años vendiendo. Desde su máximo de 2013 (1,32 billones) ha reducido su posición a la mitad, y ha caído del primer al tercer puesto. Solo en el último año y medio ha soltado 109.000 millones, diversificando sobre todo hacia el oro.

Contraste honesto, porque esto casi todos los medios lo cuentan mal: la cifra oficial infravalora lo que China tiene de verdad, porque mantiene bonos a través de custodios en Bélgica, Luxemburgo y Reino Unido. Sumando Hong Kong, la posición ronda los 962.000 millones. Así que sí, hay una venta real y sostenida, pero el titular «China se deshace de la deuda americana» exagera bastante la magnitud.

China, el gran prestamista del mundo pobre

Aquí está el cambio más profundo de las últimas dos décadas. China ha comprometido 2,2 billones de dólares en préstamos y proyectos en 217 países desde el año 2000, y los países en desarrollo le deben hoy entre 1,1 y 1,5 billones. Es el mayor acreedor bilateral en 53 países, y está entre los cinco primeros en tres de cada cuatro países en desarrollo.

Dos datos que dan la medida del vuelco:

  • En 54 de 120 países, lo que se le paga a China supera a lo que se paga al Club de París entero —es decir, a todos los acreedores occidentales juntos—.
  • Desde 2016, el crédito chino supera al del FMI, el Banco Mundial y los 22 países del Club de París combinados.

Y ahora viene el giro: China ha pasado de prestamista a cobrador. Los pagos que recibe por el servicio de esas deudas suman ya unos 35.000 millones al año y seguirán altos toda la década.

¿»Trampa de la deuda»? Cuidado con esa expresión

Es la acusación habitual: China presta sabiendo que no podrán pagar, para quedarse con puertos y aeropuertos. El caso que siempre se cita es el puerto de Hambantota, en Sri Lanka, arrendado en 2017 al 70% durante 99 años a una empresa china por 1.120 millones de dólares.

Conviene contar los hechos completos, porque cambian bastante la historia: no fue un canje de deuda por activos —Sri Lanka siguió debiendo lo mismo, y los 1.120 millones entraron como caja—; el puerto fue iniciativa srilanquesa, no china (se ofreció financiarlo a Washington y Nueva Delhi, que declinaron); y cuando el país quebró en 2022, la deuda con China era en torno al 9-10% de su deuda pública, no la causa principal.

Es más: cuando el Rhodium Group analizó 40 renegociaciones de préstamos chinos, encontró que quedarse con activos es «muy raro» —lo normal es alargar plazos, refinanciar o condonar—. Y la investigación de Deborah Bräutigam sobre miles de contratos no halló evidencia de incautaciones por impago. El propio término lo acuñó un centro de estudios indio en 2017; no salió de un análisis académico.

Pero que el eslogan sea exagerado no significa que no haya problema. Lo que sí está documentado, y es serio, es otra cosa:

  • Opacidad: los contratos chinos incluyen cláusulas de confidencialidad tan amplias que el país deudor no puede revelar los términos, ni a veces ni siquiera la existencia del préstamo. Los ciudadanos que lo pagarán con sus impuestos no saben qué se ha firmado.
  • Trato preferente: cláusulas que sacan esa deuda de las reestructuraciones colectivas y ponen a China por delante del resto de acreedores.

Dicho en corto: la «trampa de la deuda» como plan maestro para apoderarse de puertos no está respaldada por la evidencia; la opacidad y el trato de favor, . Es un problema real, pero es otro problema.

Cuando alguien no puede pagar

PaísSituación
Sri LankaImpagó en 2022. Reestructuró 12.600 M$ en bonos; casi cerrado
ZambiaImpagó en 2020. Reestructuró 6.300 M$ (4.100 con China). Cerró con el FMI en enero de 2026… tras más de tres años
GhanaImpagó en 2022. Casi completada
EtiopíaImpagó en 2023. Acuerdo con bonistas en junio de 2026: tardó cinco años
LíbanoImpagó en 2020 y sigue sin resolverse: 42.000 M$ con intereses, el 127% de su PIB
ArgentinaNo en impago, pero debe 57.100 M$ al FMI: la mayor exposición del Fondo con un país de su historia

Cuando un país quiebra, no hay un juzgado mundial que lo ordene. Hay dos instituciones y un problema.

El FMI hace el análisis que determina cuánto alivio necesita el país —y esa cifra condiciona toda la negociación—, pero exige que los acreedores den garantías antes de soltar su dinero. El Club de París, un grupo informal de 22 países acreedores que existe desde 1956 (España incluida), coordina históricamente a los occidentales bajo un principio sencillo: todos asumen pérdidas proporcionales.

El problema es que China no está en el Club de París y prefiere negociar en bilateral y en secreto. Como es el mayor acreedor bilateral del mundo, sin ella los números sencillamente no cuadran; y si no da su garantía, el FMI no desembolsa y el país se queda bloqueado. Eso es exactamente lo que hizo que Zambia tardara más de tres años y Etiopía cinco. Matiz justo: al final China participó en ambos casos. No es un bloqueo absoluto, sino lentitud y preferencia por el trato de país a país.

Y sin el principio de «todos pierden lo mismo», aparece el peor incentivo posible: a cada acreedor le conviene esperar a que otro perdone la deuda para cobrar él entero. Ese es el nudo del asunto.

Lo que revela el mapa

Primera: deber no es el problema; deber a quién sí. La misma cifra de deuda pesa de forma muy distinta según quién sea el acreedor. Japón debe muchísimo, pero se lo debe sobre todo a sus propios ciudadanos y a su banco central. Un país africano que debe la mitad a un solo acreedor extranjero está en otra situación completamente distinta, aunque su porcentaje sea menor.

Segunda: los intereses son el nuevo gasto público. Cuando la mayor potencia del mundo paga más por los intereses de su deuda que por su ejército, la deuda ha dejado de ser un asunto contable para convertirse en el principal condicionante de lo que un Estado puede hacer. Cada punto de tipo de interés recorta margen para todo lo demás.

Tercera: el orden financiero de posguerra ya no manda solo. Durante décadas, quien reestructuraba deudas era un club occidental con reglas conocidas. Hoy el mayor acreedor bilateral no está en ese club, no comparte sus reglas y negocia uno a uno. No hace falta pensar mal de nadie para ver la consecuencia: los rescates tardan años más, y quien paga la espera es la población del país quebrado.

Cuarta: solo cuatro países han pedido ayuda al mecanismo creado para esto. Desde 2020, únicamente Chad, Etiopía, Ghana y Zambia han solicitado el Marco Común del G20. Cuatro, en un mundo con decenas de países en apuros. Cuando un mecanismo de rescate tarda tres o cinco años en funcionar, los gobiernos prefieren aguantar y rezar antes que entrar en él. Y esa es, probablemente, la crítica más demoledora que se le puede hacer.

Fuentes

Fuentes: IIF (Global Debt Monitor, 1T 2026), FMI (Fiscal Monitor abril 2026, Global Debt Database,